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Adriana Lucía, un tributo y un sueño cumplido

“Maestro Lucho” es un álbum tan comercial que todas las canciones allí consignadas se pueden sostener en el tiempo como el autor de todas esas letras.

Fiel a los sonidos que representan el mayor patrimonio de una región o país, la cordobesa Adriana Lucía ha basado su carrera en exaltar lo que considera su esencia, el punto de partida de esa musicalidad que la ha identificado siempre y que ella se encarga de mantener actual con algunas fusiones vanguardistas.

Eso hizo en su anterior trabajo de estudio, que si bien se hacía notar entre un público diverso, se llenaba de la experiencia mágica de personajes icónicos de la cultura Caribe como Noel Petro y el Maestro Alfredo Gutiérrez.

Ahora la artista oriunda de El Carito se extiende en un repertorio sin igual, con la apuesta natural que ofreció en su momento el autor de cada una de estas joyas, y ella se encarga de asegurarle un paso a la nueva era, porque entre sus muchas misiones está la de conservar el legado del gran Maestro Lucho Bermúdez.

Lucho Bermúdez fue un adelantado a su época, tanto que se propuso llevar la cumbia colombiana al mundo como reza en “Danza negra”, donde afirma que todos la bailan.

De esta manera nace “Maestro Lucho”, un reto discográfico para Adriana Lucía, porque a su manera de ver, si hay una leyenda en este país es Lucho Bermúdez, toda vez que antes de este músico no existía la sonoridad colombiana en el espectro condensado, a partir de sus creaciones, se puede decir sin lugar a errores, “esto suena a Colombia”.

“El músico bolivarense, además de entregar una identidad musical, pone a Colombia a enamorarse de Colombia, porque en ese momento las regiones no sabían cómo sonaban entre sí. Fue una gran labor, como sembrar una semilla, primero en el marco nacional, después internacional”, afirma Adriana Lucía.

Adriana Lucía es muy feliz en su trabajo artístico, siempre con el respeto implícito en lo que a homenajes se refiere. FOTO CORTESÍA
Adriana Lucía es muy feliz en su trabajo artístico, siempre con el respeto implícito en lo que a homenajes se refiere. FOTO CORTESÍA

El reto

Medírsele a este disco significó todo un reto para la artista, quien asegura que aunque estaba en planes, no imaginó que después de una pandemia pudiera hacerlo, y ahora entiende que ese acto de fe que tuvo y materializó en la lista creada hace años con el fin de trabajarla, fue el punto de partida con la investigación pormenorizada de cada canción.

Cuando ya se concretó la idea, vino un momento en que Adriana manejó consigo misma la “negociación” de las canciones que finalmente quedarían en el álbum. La situación no fue del todo fácil para ella, porque para entonces el embarazo de gemelas avanzaba con todas sus eventualidades y el complemento fue un contagio de Covid-19, que la obligó a hacer un alto. Al culminar el trabajo, la mayor satisfacción es haber gestado dos niñas y un álbum al tiempo.

Generalmente en este tipo de trabajos se hacen arreglos nuevos que den cuenta de la labor artística actual, sin embargo, en esta oportunidad la cordobesa le apostó al sonido original, dando lugar a otro reto, toda vez que las versiones conocidas no representaban fielmente lo que Lucho Bermúdez hizo en su momento.

La investigación le llevó a ver que las grabaciones que se conocen de este legado se han desdibujado en el tiempo y resultaba acertado conseguir las partituras originales. En ese periplo aparece el Maestro Rafael Sandoval, quien le aclaró que el Maestro Mañungo, quien fue el último arreglista de Bermúdez, le había dejado unas partituras, hallazgo afortunado que brindó realce al disco.

Sin saber si “Maestro Lucho” va a marcar un antes y un después en su carrera artística, Adriana afirma que es un producto atemporal, que sueña convertir en un aporte al legado de la música colombiana, que en veinte años se pueda disfrutar como el primer día.

A diferencia del documental “Porro hecho en Colombia”, donde se toca el origen popular del mismo, con protagonistas rurales y empíricos y que llega hasta el trabajo con banda usual en fiestas de toros y fandango, el concepto de Lucho toca otro tipo de Caribe, donde la gala juega un papel fundamental que quita el cliché costeño y da paso a esa diversidad que atiende esta región con su migración y derroche de buena música y elegancia.

Los temas

Al tratarse de un repertorio rico, que da lugar a dilemas al escoger, Adriana sostiene que la pelea fue de ella contra ella misma, sin embargo, aún perteneciente a la generación que promulga sencillos, es de esas personas que quiere escuchar un álbum de corrido, entonces al empezar a organizar pensaba ofrecer esa montaña rusa de emociones que se puede experimentar tema tras tema.

Más adelante, con el productor Emmanuel Briceño entró a decidir las letras que se encadenaban dentro de la amplia gama del Maestro, se quedaron muchas por fuera, aclara, pero entraron algunas que no estaban en la palestra.

En este tipo de trabajos algunas canciones resultan más afines al artista al momento de grabar. En el caso de Adriana Lucía, “Danza negra”, es con la que encuentra más identidad, sin embargo, también tiene en ese top la más retadora, quizá porque siempre se ha relacionado a Lucho Bermúdez con porros y cumbias, interpretar el bolero “Te busco” le supuso más atención, al igual que “Prende la vela”, este último porque no es costumbre escuchar un mapalé en formato de orquesta.

Al contar con las partituras originales del Maestro, el compromiso vocal de la cantante se hizo más exigente y comenta que hubo una “dulce coincidencia”, al analizar que su tesitura coincidió con la tonalidad de Matilde Díaz, entonces no hubo lugar a pérdidas y ahora es consciente de que ese trabajo estaba destinado para ella.

La lista de proyectos es interminable para esta cantante, sin embargo, no deja de lado su faceta de compositora que la lleva inevitablemente a decir lo que piensa, entonces afirma que nunca sabe lo que viene y por tanto no descarta otro trabajo de esta magnitud, porque si algo tiene claro es que como artista hace lo que le gusta y lo que quiere.




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