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Pablo Barragán, clarinete encantado

Este clarinetista prodigioso embrujó en sus intervenciones en el Cartagena Festival de Música. Pablo Barragán, a su vez, quedó embrujado con la ciudad.

Pablo Barragán (Marchena, Sevilla, 1987) cuenta que empezó a sus cinco años a estudiar en la Escuela de Música de Marchena. Al confesarme que en su familia no hay músicos, ha descubierto que su abuelo Agapito Hernández tocaba el clarinete en la banda militar de Marchena, que fue disuelta con la caída de la dictadura de Franco. El abuelo, que fue un aficionado a la música, estuvo todo el tiempo tratando de cambiarse el nombre, porque en Marchena nadie más se llamaba Agapito. Reconoce que Antonio y Pilar, sus padres, tienen buen oído para la música, la madre toca la guitarra y los dos silban canciones tradicionales de España. El padre estudió filosofía y teología, y acaba de jubilarse hace cinco días en el departamento de Catastro. De la madre hereda “la cabeza dura y el optimismo”, dice sonriente, y “esa capacidad de superación y el tesón” de su padre. Al verlo abrazado a su clarinete, siento que es el instrumento el que lo ha buscado para lo toque con el virtuosismo embrujador con que lo hace. Lo he escuchado deslumbrado en los últimos conciertos en la capilla del Santa Clara, y es sin duda, una de las estrellas del Cartagena Festival de Música, pero su humildad lo lleva a decirme: “Aquí hay muchas estrellas”. Agradece a la vida haber tenido grandes maestros en sus inicios, como el profesor Antonio Salguiero; “él me enseñó a descubrir mi camino, el de la música, y la vocación por este arte en el que consagro ocho y hasta diez horas diarias”. Le puede interesar: Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá: David García cuenta la historia.

Al llegar a Cartagena, ciudad a la que viene por primera vez, dice que ha sido un privilegio participar en este extraordinario festival. “Me he enamorado tanto de esta ciudad que si pierdo el vuelo de esta tarde, yo... ¡encantado!”. Pero alguien que lo oye le dice: “Quedarás atrapado en el embrujo de Cartagena si caminas sus calles y sus plazas”. Cuando le pregunto por la relación entre la música clásica y popular de su país, España, precisa que “la raíz y la esencia de la música está en lo popular. Es muy importante la relación con esa tradición y con el público”. Cree que se ha perdido esa esencia al imponerse la escuela francesa. Y ejemplariza la grandeza de Bela Bartok y de Manuel de Falla, quienes bebieron de las fuentes populares. “Paco de Lucía, uno de los más grandes del mundo, era muy exigente y buscaba la perfección. Muchos creían que el flamenco era algo caótico e improvisado, pero Paco de Lucía trabajó duro y con rigor en esos orígenes”. Los dos evocamos ahora ‘Entre dos aguas’, ‘Callejón del muro’.

Algunas canciones en flamenco se cantan en su familia, en momentos de celebración.

En el silencio de su habitación suele escuchar el Cuarteto de Cuerdas de Felix Mendelssohn. En próximos días de enero de 2022 editará el álbum “Boundless” con cuatro sonatas, en compañía de Sophie Pacini. Durante el confinamiento de la pandemia estudió mucho, leyó ‘1984’, de George Orwell, y no dejó de tocar su clarinete. Ha sido un tiempo que lo ha llevado a profundizar en su propio interior. No le gusta planear sueños a diez años. Se siente feliz haciendo lo que desarrolla cada día, disfrutando de cada momento. El 31 de julio -el día de su cumpleaños-“me encanta hacer una barbacoa, ustedes le llaman acá parrillada, y comer pescado. A propósito, el mejor pulpo que me he comido ha sido aquí, en Cartagena. Le cuento a mi madre que las calles de la ciudad amurallada están tomadas por las bugambilias o trinitarias que tanto le gustan a ella. El festival de Cartagena, que ha abarcado el romanticismo temprano y no tan temprano, Los colores del sonido, ha sido algo muy especial para mí. Es un repertorio fantástico, emotivo, apasionante. Mis predilectos en el clarinete son el cubano Paquito D’Rivera y Benny Goodman. Lea aquí: Cartagena Festival de Música: Embriagados de música excelsa.

Sus huellas sonoras

Pablo Barragán lleva la música consigo mismo. Estudió en el conservatorio de Antonio Salguiero y en la Fundación Barenboim-Said con Matthias Glander. Miembro de la Orquesta Joven de Andalucía, bajo la dirección de Michael Thomas. Estudió en Basel con el profesor François Benda. En música de cámara sus maestros fueron Anton Kernjak, Ferenc Rados y Anton KernjakAnton Kernjak.

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Pablo tiene la partitura interiorizada y la susurra antes de entrar al escenario. En el concierto Los colores de los quintetos, en la Capilla del Santa Clara, fue el clarinetista invitado del concierto Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerdas en si menor, op. 115 de Johannes Brahms (1833-1897), interpretado por el Cuarteto Modigliani. Para él, tocar como clarinetista invitado de un cuarteto es como entrar a una familia ya formada, e integrarse. Al verlo tuve la impresión que, además de lo que ya tenía interiorizado en la obra, seguía con pasión cada movimiento del cuarteto. El clarinete embrujó al escenario que lo aplaudió extasiado. Luego, al escucharlo en el concierto Los colores de la música romántica francesa de cámara, en la Capilla del Hotel Santa Clara, encantó a la audiencia tocando junto al pianista Matan Porat. Los dos, gigantes virtuosos de su instrumento.

Pablo toca su clarinete Backun Lumière, y no se desprende de él. Cuando viaja, lo primero que busca es un lugar donde seguir practicando. Es un pedagogo inspirador. Es profesor de clarinete en la Fundación Barenboim-Said.

Epílogo

Todo el mundo quiere hacerse fotos con Pablo Barragán, quien sonríe ante la audiencia femenina que lo asedia. Un espectador que lo observa le dice con picardía que Cartagena es la ciudad para encantarse y muy probablemente para casarse con su magia. Y Pablo recuerda que esta misma tarde tiene que viajar, ir al hotel por su maleta y tal vez no tiene tiempo ni para almorzar. Pero sueña con regresar.




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