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Madre subrogada: relato de cuando parí a los gemelos de otra mujer

La gestación subrogada, conocida como alquiler de vientres, es una realidad en nuestro país. Una madre subrogada cuenta su experiencia sin tapujos ni prejuicios.

I.

María* parió a dos bebés, pero nunca le dirán mamá por una razón simple y compleja: no es la mamá, solo le alquiló su vientre a una desconocida que no habría podido ser madre -genéticamente madre- de otra forma. Simple para María: los niños no tienen sus genes, por lo tanto no son suyos; compleja para quienes encuentran reparos éticos, morales y religiosos sobre la maternidad subrogada.

-¿Cómo llegaste a ser una madre subrogada?

-Tengo una persona muy allegada a mí que también pasó por esa situación y me comentó, me contactó con la persona de la clínica. Fui, conocí la situación y me llamó la atención en el momento porque estaba pasando por una crisis económica bastante difícil- responde serena al otro lado del teléfono, desde otra ciudad. Le puede interesar: ¿Es posible alquilar vientres en Colombia?

María intentó ser madre subrogada dos veces. Primero, la contactaron para llevar el bebé de una pareja homosexual en su vientre y, asegura, el trato incluía manutención durante el embarazo, además de los gastos de salud y transportes, y 35 millones de pesos si nacía un bebé. No quedó embarazada en el intento inicial y aquel matrimonio tiró la toalla. La segunda fue la vencida: era una pareja colombiana que había estado intentando lo divino y lo humano para tener un bebé, personas con mucho dinero. Después de exámenes que parecían interminables, comprobaron que María tenía una salud física y mental para ser madre subrogada y empezaron el tratamiento médico. Todo salió perfecto y quedó embarazada de gemelos.

“No fue un embarazo fácil, fue gemelar, de bastante cuidado -cuenta espontánea-. Fue con todas las maluqueras y muchos más cuidados. Los vómitos, los antojos, todo fue igual, pero te voy a ser honesta, no sentí ningún tipo de conexión con los niños. Cuando nacieron, ellos estuvieron en UCI, quien los atendió fui yo, pero no sentí conexión con ellos”.

-¿Fue difícil para ti desprenderte de ellos?
-No, yo tenía claro desde un principio que ellos no eran mis hijos, solo presté mi barriguita. Y la felicidad con la que vi a esa pareja... no, es más, yo aún tengo contacto con ellos, me mandan fotos, yo veo a los niños.

-Cuando estás embarazada, vas por la calle y te encuentras con conocidos y esos conocidos te dicen: “Ay, estás embarazada, ¿es niña?”... ¿Cómo manejar ese tipo de situaciones cuando eres madre subrogada?

-Eso sí es difícil de manejar. En el caso mío, mi familia toda estaba enterada 100% de lo que yo hice. El tema de pronto lo manejé porque tengo un carácter fuerte, no soy de muchas amistadas ni de comentarle mi vida a nadie. Estaba trabajando y en la empresa me preguntaban: “Oye, ¿y tus hijos nacieron?”. Yo: “Sí, están muy bien” y ya. Soy muy tajante con los temas personales, pero ese aspecto sí me dio duro porque la gente pregunta mucho, es la hora y todavía preguntan. Lo que más duro me dio fue eso (...) La gente dijo que el bebé se había muerto y yo estaba como si nada.

-¿Cómo fue el acuerdo con la pareja?

-No firmé ningún contrato inicial ni nada, todo fue verbal, en la clínica fue como si el tratamiento lo estuviera haciendo yo, particularmente. Cuando los bebés iban a nacer, me contacté con una abogada y firmé una renuncia... en los documentos que firmé, decía que yo renunciaba a los niños, era como si se dieran en adopción. Renunciaba a cualquier prueba de ADN, aunque no doné óvulos ni nada.

Sobre si hubo dinero de por medio... “Me daban dos millones de pesos mensuales, me pagaban la EPS y transportes y medicamentos aparte. Los papás de los bebés me tomaron mucho cariño, nos daban cosas, a mis hijos y a mí, pero nunca era directamente. Yo iba a la clínica a fin de mes y me daban todo. Cada tres meses me daban todo, las pantis, los brasieres, ropa, fueron casi ocho meses. Al final, me obsequiaron 30 millones de pesos y 5 adicionales por el otro bebé. Una abuelita de los bebés aparte me regaló siete millones de pesos”, menciona y acepta que no tiene claro qué tan legal es lo que pasó.

-¿Volverías a hacerlo?

-No, por cuestiones de salud. Entendí en el proceso que estar embarazada no es un juego y no quiero otro embarazo. Sí conozco a muchas mujeres, muchos vientres dando vueltas por ahí, que ya era la segunda y la tercera vez que lo hacían, pero yo no. Hoy en día te digo: no es fácil, pero es bonita la experiencia porque les ayudé a esas personas, que soñaban con tener un hijo... ¡les di dos!, pero no.

Madre subrogada: relato de cuando parí a los gemelos de otra mujer

II.

Buena parte de los análisis y artículos publicados en internet sobre la maternidad subrogada aluden a un “vacío” en la legislación sobre el tema en Colombia.

Con la Sentencia T-968/09, la Corte Constitucional reguló el tema luego de un problemático caso de subrogación: Sarai, una colombiana, había sido contactada por Salomón y su esposa Raquel (dominicana residente en EE. UU.) para que gestara por ella a sus hijos. El trato inicial contemplaba que Sarai recibiera en un laboratorio un embrión formado de los óvulos de Raquel y los espermatozoides de Salomón... pero los óvulos de la dominicana no fueron fértiles, así que Sarai donó los suyos.

Para resumir: Sarai tuvo dos bebés, Salomón se los quitó, pero ella luchó por quedarse con ellos e, incluso, mejoró sus condiciones de vivienda para que los pequeños estuvieran mejor.

La Corte terminó fallando a favor de la mujer y determinando que: “El alquiler de vientre o útero, conocido también como maternidad subrogada o maternidad de sustitución, ha sido definido por la doctrina como ‘el acto reproductor que genera el nacimiento de un niño gestado por una mujer sujeta a un pacto o compromiso mediante el cual debe ceder todos los derechos sobre el recién nacido a favor de otra mujer que figurará como madre de éste’. En este evento, la mujer que gesta y da a luz no aporta sus óvulos”.

La Corte también menciona en la Sentencia T-968/09: “Dentro de este contexto se ha evidenciado la necesidad de una ‘regulación exhaustiva y del cumplimiento de una serie de requisitos y condiciones’ como los siguientes: (i) que la mujer tenga problemas fisiológicos para concebir; (ii) que los gametos que se requieren para la concepción no sean aportados por la mujer gestante (quien facilita su vientre); (iii) que la mujer gestante no tenga como móvil un fin lucrativo, sino el de ayudar a otras personas; (iv) que la mujer gestante cumpla una serie de requisitos como mayoría de edad, salud psicofísica, haber tenido hijos, etc.; (v) que la mujer gestante tenga la obligación de someterse a los exámenes pertinentes antes, durante y después del embarazo, así como a valoraciones psicológicas; (vi) que se preserve la identidad de las partes; (vii) que la mujer gestante, una vez firmado el consentimiento informado, e implantado el material reproductor o gametos, no pueda retractarse de la entrega del menor; (viii) que los padres biológicos no pueden rechazar al hijo bajo ninguna circunstancia; (ix) que la muerte de los padres biológicos antes del nacimiento no deje desprotegido al menor; y (x) que la mujer gestante solo podría interrumpir el embarazo por prescripción médica”.

Martha Rita Gómez Holguín, abogada de familia de la Universidad El Externado de Colombia, explica: “Aquí se llama subrogación uterina cuando una mujer no puede gestar por una razón cualquiera muy importante, es decir, que tenga un lupus, un cáncer, o una ausencia de útero o que gestando se enferme terriblemente o que gestando transmita una enfermedad grave a su hijo”.

Para Martha, “no existe vacío, sino que con este argumento, de que no hay una le que hable específicamente de la subrogación, alegan que no se puede hacer, porque esto tiene mucho de ético, moral y religioso, pero eso es falso, porque la Constitución, en el artículo 42, dice que hay cuatro tipos de hijos: los matrimoniales, los extramatrimoniales, los adoptivos y los de asistencia científica. Y seguidamente dice: y tendrán iguales derechos y deberes. Si tienen iguales derechos, tienen igual legislación, o sea que la misma legislación para registrar un niño matrimonial, extramatrimonial o adoptivo es la misma para un niño con asistencia científica. Eso es un argumento que se ha venido cayendo”. Le puede interesar: Detalles sobre el segundo hijo de Khloé Kardashian y Tristan Thompson

-¿Y los costos?

-Los costos de Colombia son competitivos en el mundo, no alcanzan a ser ni la tercera parte de los costos que se generan en países como Ucrania y EE. UU. En esos países puede llegar a costar incluso 130.000 dólares. Nosotros no estamos ni mejor dicho, ni cerca, pero no puedo darte esos promedios porque tiene muchísimas variables.

Tener un hijo por subrogación implica un esfuerzo económico importante, pues, aunque -en teoría- la mamá que carga a los bebés no debería hacerlo con fines de lucro, los papás genéticos sí deben asumir los gastos clínicos de todo el proceso: la fertilización in vitro, los gastos del embarazo, alimentación, seguros médicos y transporte de la mamá subrogada. Eso, sin incluir los gastos en abogados y asesorías jurídicas para asegurarse de que el proceso siga de forma correcta y de que después del parto no haya problemas legales.

El solo proceso de fertilización in vitro puede costar desde 20 millones de pesos, pero los precios varían de acuerdo con cada clínica.

Madre subrogada: relato de cuando parí a los gemelos de otra mujer

III.

Juan Gabriel Martínez Lugo, ginecólogo y especialista en reproducción humana, es el director médico de Inser Cartagena, una clínica en Bocagrande. El doctor Martínez explica que existen muchas condiciones que pueden impedirle a una mujer gestar: “Que nazca sin útero, por ejemplo, o que por alguna razón hayan tenido que quitárselo. Que su útero haya sido sometido a múltiples intervenciones”, menciona y añade que también toman el camino de “prestar” vientres las mujeres que, por ejemplo, sufren enfermedades graves como cardiopatías y para quienes embarazarse sería demasiado riesgoso.

El proceso para la subrogación es complejo, según reconoce el doctor Martínez, y las probabilidades de éxito aumentan o disminuyen con la edad.

Sobre el proceso, el experto indica que “se empieza de forma sincronizada trabajando con las dos pacientes, es decir, la que será la mamá subrogada y la que necesita la subrogación”.

El doctor Juan Gabriel Martínez, acompañado por el equipo de la clínica Inser, en Cartagena.//Foto: Aroldo Mestre - El Universal.
El doctor Juan Gabriel Martínez, acompañado por el equipo de la clínica Inser, en Cartagena.//Foto: Aroldo Mestre - El Universal.

“A la paciente que necesita la subrogación se le hace una serie de estudios básicos mirando la reserva ovárica, la edad de la paciente, exámenes hormonales e infecciosos. Y, a su vez, al esposo se le hace un estudio, un espermograma para mirar la producción espermática. Todo eso nos ayuda a predecir cómo le va a ir en la formación de embriones. Una paciente que necesite subrogación, de cierta manera, va a necesitar una fertilización in vitro para poder nosotros tener embriones en el laboratorio y poder llevar esos embriones a la mamá subrogada”, explica.

Luego de un estricto tratamiento médico para ambas mamás, y de obtener el embrión en un laboratorio, este se lleva hasta el vientre de la mamá subrogada y, si todo sale bien, dos semanas después habrá una prueba de embarazo positiva. Y si sigue yendo super: en dos semanas habrá una ecografía donde se podrá apreciar al nuevo bebé. El resto será un embarazo normal, con controles, antojos, “maluqueras”... Seguro será un embarazo normal, si se mira desde la medicina.

Después del parto, vendrá lo simple o complejo... depende de a quién le preguntes.

*Nombre cambiado a solicitud de la fuente.




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