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Su ceguera no ha impedido que emprendan: la historia de los Buelvas

Jaime y Melissa han trascendido la discapacidad visual para convertirse en emprendedores y asegurarle un gran futuro a su pequeño hijo.

En la sala de los Buelvas Guerrero huele a yuca recién hecha y a los productos de limpieza con los que ellos sueñan dejar de ser desempleados para reafirmarse como emprendedores. Estamos en la sexta etapa del barrio Nuevo Bosque.

Y es que Jaime Buelvas Navarro, el papá, es comunicador social, músico y formador de músicos, además, eso sí, de ser el socio perfecto para su esposa, Melissa Guerrero Herrera: ella es la que prepara los productos de limpieza caseros y la que los empaca. Ambos se convierten también, siempre que toca, en los domiciliarios dispuestos a sortear el desafío que implica recorrer la ciudad para entregar sus jabones, desinfectantes, ambientadores, etc., sin ver ni un rayito de luz. (Le puede interesar: El bastón blanco, símbolo para personas con baja visión)

Una pareja con bastante en común

A sus 51 años, Jaime no sabe el nombre exacto de la enfermedad que le ha impedido ver, pero ya no le importa tanto. Me lo confiesa justo después de contarme que es el cuarto de cinco hijos y que tanto él como la hermana que le sigue desarrollaron discapacidad visual: él nació sin ver ni poquito y ella sí observaba una luz, pero se fue apagando irremediablemente.

De su infancia en Ariguaní (un municipio del Magdalena más conocido como El Difícil) recuerda esa sensación única de treparse en los árboles y de conocer el mundo a través de sus olores. De jugar con sus hermanos, de caerse y levantarse solo. De vivir feliz.

Melissa, de 28 años, sí podía ver -aunque no perfectamente-, pero fue perdiendo esa capacidad poco a poco, hasta que, a los 15 años, quedó a oscuras.

“Realmente tampoco me diagnosticaron, pero a una hermana que tengo -ella es menor que yo- la diagnosticaron con retinosis pigmentosa, entonces digo que tengo lo mismo porque es parecido: los síntomas, los dolores de cabeza, ha sido progresivo. Es que antes de los 15 años yo escribía, se me hacía muy difícil leer, pero sí escribía y manejaba bicicleta”, me cuenta mientras intenta mantener a un tímido Samuel sentado en sus piernas. Samuel es el hijo de ambos, tiene 3 años y nació sin ninguna discapacidad.

El niño es el resultado de un amor que comenzó hace muchos años, en 2008, cuando Jaime y Melissa se conocieron en el Colegio Olga González Arraut: él era docente y ella estudiante. Después de una amistad e, incluso, de dejarse de ver por más de un tiempo, en 2014 decidieron convertirse en novios, luego en esposos y ahora, gracias a Samuel, en una familia que lucha todos los días por seguir adelante, aunque no siempre sea fácil. (Lea aquí: Salud visual, una de las más afectadas durante la pandemia)

Con unas ganas inmensas de trabajar

El emprendimiento de los Buelvas se llama Indufe - Industria de fe - y sus productos estrella son jabones líquidos para manos, desinfectantes para el piso, un desmanchador que se aplica en las baldosas o elementos que estén muy manchados; ambientadores para el carro, la oficina y habitaciones, creolinas...

“Indufe empezó por mi esposa, que, a nivel empírico, con su mamá y con la ayuda de una amiga, empezaron a preparar los primeros productos. Cuando eso, no estábamos casados, ni éramos novios, ni nada. Empezó a aprender, luego de eso, nos conocimos y nos casamos en el año 2014. Empezamos, mediante un convenio de la Cámara de Comercio y la Alcaldía de Cartagena que se llama Se emprende, nos dieron una formación en temas de emprendimiento. Nos matriculamos con Cámara de Comercio y también recibimos una preparación con el Sena en el 2015. (...) Mi esposa los prepara, yo me encargo de la parte comercial. A ella esto le ha gustado desde siempre y se han ido perfeccionando los productos gracias a sugerencias de amigos”, explica Jaime. (Le puede interesar: Julieth Meza, los ojos de su padre invidente)

“Las ventas han disminuido muchísimo en la pandemia —continúa—. Nos faltan insumos, maquinaria. Ojalá empresas se interesen en nuestros productos y también en lo que yo puedo hacer como formador en música. Les puedo enseñar a chicos ciegos o con baja visión todo lo que es Braile, las matemáticas, el ábaco con las tecnologías actuales”.

Entonces Jaime me reafirma lo que tanto insistió por teléfono, cuando llamó al periódico para pedir que le ayudáramos a difundir su historia: “Estamos buscando distintas formas de darnos a conocer más con el negocio a nivel local, regional y, por qué no, nacionalmente. Estamos buscando empresas que nos puedan apoyar con capital semilla o publicidad. Aún no tenemos registro Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos), porque estamos en el proceso de posicionarnos, pero seguimos avanzando”.

Los Buelvas Guerrero venden sus productos puerta a puerta, casa a casa, voz a voz con amigos y conocidos, pero no han podido sobreponerse a los embates del COVID-19 y les preocupa no poder asegurar la estabilidad económica que el pequeño Samuel necesita para crecer.

Si usted desea adquirir alguno de los productos de esta pareja, o ayudar de alguna forma, comuníquese al 3127199434 o 3135657674. Viven en la sexta etapa del Nuevo Bosque.

Jaime insiste en listar todas las capacidades por las cuales alguien podría darle así sea una oportunidad pequeñita de trabajar: “Me gusta grabar jingles. Nosotros creemos mucho en Dios, pero sabemos que debemos gestionar, movernos, no nos quedamos quietos”.

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A veces, cuando llevan sus productos a las casas, las personas, al notar la discapacidad visual de la pareja, les dicen: “Les vamos a colaborar”. Jaime no duda en responder que, más allá de “colaboración”, le gustaría que muchos se den la oportunidad de probar sus productos y de elegirlos en adelante por su calidad. El pesar no tiene lugar aquí, el sueño de una vida mejor sí. (Lea también: Jorge Choperena, la fortaleza encarnada)




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