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El taxista de Cartagena que escribió un libro de sus vivencias

Eusebio José Julio Sanjuán es taxista y tiene tantísimas historias para contar que se animó a escribir un libro en el que no le teme a llamar a las cosas por su nombre.

El cuento que echa Ricardo Arjona en ‘Historia de taxi’ se queda en pañales ante las historias de Eusebio José Julio Sanjuán. Y es que en sus 17 años como taxista, Eusebio ha sido testigo del mundo en su máxima expresión: de lo bueno y de lo malo, así que un día resolvió concretar una idea que se le ocurrió a un amigo. Entonces, por allá en el 2018, decidió que noche a noche, después de terminar sus turnos y siempre que ocurriera algo “interesante”, se dedicaría a plasmarlo a mano: tardó más de tres años escribiendo cientos de páginas.

“En mi casa me decían que yo me estaba volviendo loco, mi mamá me decía siempre eso”, recuerda y sonríe. “Un día, le expliqué bien cuál era mi idea y comenzó a sentirse orgullosa, ahora toda mi familia se siente contenta de mi logro”. Lea también: Una historia ‘dinámica’ sobre cuatro ruedas

Conoce el mundo

Eusebio, que nació en Sabanalarga (Atlántico), validó el bachillerato ya siendo adulto y vive en La Esperanza, aprendió a conducir y de una se enamoró del oficio. Trabajó transportando insumos de construcción y poco después empezó sus días como taxista.

¡Facilito, facilito, no fue! “Vea, doctora, que me dieron el carro ese día a las seis de la mañana, yo nunca había manejado un taxi y yo no sabía ni cuánto cobrar, ni qué iba a hacer. Sabía manejar, pero no tenía la experiencia en el campo de los taxis, con decirle que cogí una carrera desde el Centro hasta Mamonal y le cobré seis mil pesos. El trabajo lo va enseñando a uno”, recuerda y vuelve a reír.

“Lo más bonito del taxi, lo que me gusta a mí, es que todos los días uno conoce gente. Yo conozco gente de todos los países, de verdad que sí. Hay personas con las que uno queda en contacto, porque llegan y se relacionan con uno, eso es muy bonito, como hay gente que se sube en el taxi y no habla nada... y uno va incómodo, ¿sí o no?”, explica.

Y precisamente ese ir y venir conociendo gente lo impulsó a soñar con ser escritor.

“Escribir un libro no es fácil, porque usted tiene que crear la historia bien, contarla, hay que tener paciencia para esperar que pasen las cosas y ahí sí, echarle lapicero”, menciona.

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¿Cuándo supo que ya había terminado de escribir, que ya su libro estaba listo?

-Estaba listo el año pasado, que yo dije: ya no escribo más, ya estoy cansado. Lo voy a lanzar.

Como lo había escrito en una libreta, Eusebio tuvo que conseguir una señora que le ayudara a transcribirlo y organizarlo con ilustraciones y fotos en una carpeta con 172 páginas. Este hombre cuida ese documento como su más preciado tesoro porque confía en poder mostrarlo a una editorial o a alguien que se anime a ayudarlo a publicar.

En el taxi

Eusebio se ofreció a “presentarme” su taxi, un “zapatico” como tantos, así que nos embarcamos y, ¡cómo no!, en el camino me fue adelantando algunas de las historias que se atrevió a contar en el libro.

“Un día, doctora, yo estaba normal cuando una mujer me señaló y me dijo: ‘Tú eres’. Yo me asusté y ella volvió a decir: ‘¡Ajá, tú eres’, entonces me asusté más y le dije: ‘Pero yo no sé de qué estás hablando, ¿de qué me estás hablando tú?’. Resulta que era la mamá de un muchacho al que un día llevé al Hospital Universitario del Caribe, porque lo habían acuchillado. La señora estaba muy agradecida y me decía que su hijo se hubiera muerto si yo no lo hubiera llevado rápido al hospital. Me invitaron a almorzar y hasta me dieron cien mil pesos”, recuerda feliz, pero la sonrisa se le borra del rostro cuando empieza a narrar aquella vez que su pasajero fue un viudo.

Eusebio no tiene filtros y cuenta cada una de sus historias, así como anécdotas que le han pasado a amigos suyos en ‘Experiencia vivida de un taxista’. Si usted quiere saber más del libro, puede contactar a su autor al 3206095448.

“Era un 24 de diciembre y el señor estaba muy triste, comenzó a decirme que su esposa estaba cumpliendo un año de muerta. Que la señora un día le dijo que cuidara mucho de su hija, porque ella se iba para un viaje muy largo. Nadie sospechó que se iba a tomar un veneno”, comenta.

Y termina con una historia “picante”...

“Mire, doctora, por ejemplo, aquí -dice Eusebio y señala la Torre del Reloj-, una vez me sacó la mano una pareja. Era una muchacha y un gringo. Ella hablaba español, porque era peruana, pero el esposo no.

“Los llevé a un motel, porque ella me lo pidió y yo les di mi número para que me llamaran, yo podía ir a recogerlos cuando terminaran. ¡Y efectivo! Al ratico me llama la muchacha y me dice: ‘Señor, mi esposo quiere que venga, quiere que me haga el amor’. ¡Miércoles! Yo le dije que yo nunca había hecho eso, ella me respondió que no importaba. Yo fui y, cuando entré, ella bajó al parqueadero, estaba desnuda... Yo alcancé a coger un destornillador y a metérmelo en el pantalón. Bajé y ella me agarró de la mano. Subimos por las escaleras, llegué al cuarto y pasó lo que tenía que pasar”... Lea además: Taxistas con los ovarios bien puestos en Cartagena




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