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Cartagena y el balcón de los depredadores

Desde los años sesenta del siglo veinte, los empresarios soñaron que Cartagena se convertiría en destino turístico mundial. No intuyeron qué riesgos y amenazas viviríamos.

Los empresarios que soñaron en la década de los años sesenta del siglo XX que Cartagena se convertiría en destino turístico del mundo jamás intuyeron que ese aspaviento delirante, el de pertenecer a un mapa apetecido por los viajeros del planeta, también contendría riesgos, peligros y amenazas al entorno ambiental y social y al patrimonio humano y cultural de los cartageneros.

Si lo que queríamos era que el mundo entero reconociera y viviera las virtudes paisajísticas y patrimoniales de la ciudad al pie del Caribe, nunca pensamos en que el turismo también traería una oleada de depredación de lo ambiental y social, y se pervertiría con la explotación sexual a niños y jóvenes, el tráfico de drogas y la delincuencia desatada. El destino turístico ecológico y cultural se soñaba también en los años cincuenta, mucho años del ímpetu del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci), en lo que un visionario idealizaba como el circuito navegable de la bahía y la ciénaga, desde la ciénaga de la Virgen, el caño de Juan Angola, la laguna de Chambacú y San Lázaro, la bahía de las Ánimas y la lengua de tierra en el mar que es El Laguito. Le puede interesar: Video: ¡Otra vez! Pareja es captada teniendo sexo en un balcón de Cartagena

En los ochenta, para los cuatrocientos cincuenta años de Cartagena, ya no se hablaba del circuito navegable de la bahía y de los cuerpos de agua de la ciudad, sino de convertirla en la Venecia del Caribe.

La depredación ambiental con desechos empresariales y basuras arrojadas por los mismos ciudadanos convirtió a la ciénaga de la Virgen en la más grande cloaca, que en los meses de junio dejaba ver alfombras de peces muertos por falta de oxígeno en el agua. De aquella visión patética y dramática de esa mortandad, el artista Alejandro Obregón hizo una de sus últimas series con el mismo impacto con que cuarenta años atrás retrató la violencia colombiana. Víctor Nieto Núñez, como gestor del Ficci, antiguo empresario de automóviles y promotor de aventuras musicales, visionó que la ciudad se convertiría en destino cinematográfico no de manera pasiva, sino activa, y los escenarios de la ciudad serían propicios para producciones fílmicas nacionales e internacionales. Ocurrió tal como lo soñó.

Pero el destino turístico como empresa traería inimaginables dividendos privados y también divisiones incómodas y excluyentes en la comunidad, porque lo público no se pensó desde el beneficio de la comunidad sino desde el beneficio de particulares.

En esos mismos comienzos de los ochenta era impensable que Yoko Ono, la esposa japonesa de John Lennon, se quedara a vivir una temporada en el ruinoso Centro Histórico cartagenero antes que fuera declarado Patrimonio de la Humanidad.

El escritor Óscar Collazos, encarando los espejos ocultos de la doble moral cartagenera, desnudó en su novela ‘Rencor’ el drama de la prostitución y la explotación de niñas y jóvenes de las barriadas del suroriente. Denunció en esa novela el tráfico secreto de la explotación sexual y aludió la permisividad de ciertas élites sociales en legitimar, participar y manipular esa explotación desde el trabajo cotidiano de las muchas del servicio doméstico en Cartagena.

Balcones y castillos

Cartagena se convirtió en la ciudad apetecida para los matrimonios internacionales de europeos y americanos desde comienzos de siglo XXI. Curioso que las ceremonias y los atuendos fueran los elementos culturales que la región demoró en valorar: el sombrero vueltiao, la gaita, los manjares gastronómicos, la empanada con huevo, la carimañola y el quibbe. Junto a los matrimonios de nacionales que se sumaron a esa elección de celebrar su enlace en el corazón amurallado de Cartagena, surgieron los depredadores del turismo que, en su secreta y fantasiosa perversión, soñaron con hacer el amor con una chica prepago, servidora de servicios sexuales, nombre refinado del eufemismo local para evitar el estigma de señalarla como prostituta o, en casos más sofisticados, nombrarla como contratada dama de compañía para pasar la noche y la madrugada.

Los escenarios de la depredación turística del patrimonio cultural de Cartagena, han sido un castillo emblemático, los balcones del Centro amurallado, los coches y la ciudad misma.

Estos depredadores del turismo ya no solo elegían a su cliente o clienta, sino que además elegían un escenario del patrimonio histórico, cultural patrimonial: un balcón colonial del Centro amurallado de Cartagena para hacer el amor frente a los transeúntes a sabiendas que ese acto íntimo convertido en espectáculo público es sancionado por la ley. Y no les importó cuánto debían pagar por una multa que no excede aún el medio millón de pesos, y tampoco les importó que después del impacto de los transeúntes filmando el acto en vivo debajo de los barandales sobornaran a los agentes policiales, con tres mil dólares para los dos, tal como lo ha testimoniado la protagonista de la cópula con un extranjero. Pero el barandal ha sido uno de los escenarios de la ciudad vilipendiada y abusada por la depredación turística.

Uno de los destinos se desvió hacia Cartagena como destino “turístico” sexual agravado y depredado en explotación sexual infantil y juvenil.

Primero fue sexo en vivo dentro de un cajero automático en el barrio Crespo. Años después, sexo en vivo sobre el Castillo de San Felipe. Más tarde, sexo en vivo en un coche tirado por caballos. Otra vez fue en los balcones del corazón amurallado.

Tras esa depredación, está la ciudad convertida en una inmensa e incontrolable zona de tolerancia donde el bazar sexual es el pan de cada mediodía y noche. El sexo tarifario como forma de vida. El sexo sano es bueno, remató Collazos para desafiar a los mojigatos de la doble moral. Los depredadores están convencidos de que con dólares se resuelve todo. Hasta hacer el amor bajo las estrellas para que lo filme todo el mundo. Lea aquí: Estadounidense y cartagenero, protagonistas de video sexual en coche.




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