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Cada vez que decimos “Costa Atlántica” matamos al Caribe, te contamos por qué

Quizá dices “Costa Atlántica” sin la menor idea de lo que implica, y es que, en Colombia, el término tiene un origen peyorativo y xenofóbico. Aquí, la historia completa.

El historiador barranquillero Gustavo Bell recordaba que los mapas ingleses ya usaban el término “Caribbean Sea” en el siglo XVIII para nombrar la gran cuenca del Caribe. Pero a los bogotanos se les ocurrió borrar al Caribe del mapa e inventarse que la costa norte estaba en el Atlántico. Esa idea bogotana fue contraria incluso a lo que establecían los mapas franceses y españoles, los cuales reconocían la existencia del Mar Caribe, aunque lo denominaran en esa época como “Mar de las Antillas o Mar del Norte”.

Las razones de cambiar el Caribe por el Atlántico fueron, principalmente, xenofóbicas y racistas, los ensayos del llamado “Sabio” Francisco José de Caldas divulgaron la noción que el clima y la raza condicionaban la moral y virtudes de la gente. Por lo tanto, los hombres organizados (entiéndase como civilizados) estaban en regiones con clima frío, como los Andes. Mientras que las regiones periféricas, como el Caribe, los Llanos y el Pacífico, eran “tierra de bárbaros sin virtudes” debido al calor y a la “alta presencia de “población africana”, como reseña el historiador cartagenero Alfonso Múnera. Lea aquí: Océanos sostenibles, meta para la región Caribe

Ese racismo y supuesta superioridad del ser andino llevó a que se despreciara nuestra región Caribe y se buscara “civilizarla”, empezando por cambiarle el nombre. Es ahí cuando aparece el término “Costa Atlántica”, entendiendo que, para la dirigencia bogotana, era “mejor” que se relacionara la zona norte con el “Atlántico” de las costas europeas, y no con el Caribe, un territorio “sin virtudes” ni posibilidades de civilización, según Caldas.

Detrás de la imposición del término “Costa Atlántica” también estaba la clara intención política de separarnos -al menos con el nombre- de las islas del Caribe como Jamaica o Haití, las que fueron decisivas para lograr la Independencia de la Corona Española, pero años después esas mismas islas representaban un “peligro” porque podrían ayudar a las Provincias del Caribe colombiano a lograr su separación absoluta de Santa Fe de Bogotá. Recordemos que Cartagena y sus territorios (hoy departamentos de Atlántico -nombre impuesto desde Bogotá en 1905-, Sucre, Córdoba, las Islas de San Andrés y parte de las costas de Nicaragua) intentaron independizarse de lo que hoy es Colombia, pero no lo lograron.

Si hay algo para tener en cuenta es que, históricamente, el Caribe ha sido representado por Bogotá de manera despectiva: en la época republicana se nos veía como una amenaza, una región en permanente movimiento, o como caótica.

Bell cuenta que en 1845, desde Bogotá, se decidió que los generales y altos mandos del Ejército debían ser del interior del país y que no se podía confiar esos cargos a los “costeños”.

Algo similar ocurrió años atrás en la época colonial, cuando éramos narrados como “los bárbaros sin posibilidad de civilización”, “los contrabandistas” y “perezosos y vengativos”. Recordemos que, según Bell, en 1802 el Consulado de Cartagena compró una moderna imprenta y el obispo de Santa Fe de Bogotá se opuso a su funcionamiento, argumentando que el mar era “fuente de pecado”. Es decir que se despreciaba al Caribe justamente por ser lo que es: la conexión del país con el resto del mundo.

Debe parecernos curioso que, a pesar de que los avances cartográficos y geográficos nos ratifican que limitamos al norte con el Mar Caribe y no con el Océano Atlántico, se sigue usando el término “Costa Atlántica” en Colombia. Medios de comunicación, académicos, políticos y la misma gente del Caribe en su cotidianidad siguen replicando esa idea, la mayoría de manera inconsciente, y hasta el mismo presidente Gustavo Petro usó esta expresión hace unos días para pronunciarse sobre el servicio de energía eléctrica en la costa norte del país. Lea aquí: La próxima semana se plantearán soluciones para bajar tarifas de energía

Si en algo coinciden los teóricos de los estudios territoriales es que la cartografía es la representación del poder sobre un territorio. Los bogotanos entendieron eso y nos han representado en los mapas como ellos han querido desde hace más de 200 años. Sus invenciones sobre el Caribe han tenido tanto éxito que, como mencionamos anteriormente, en 1905 el presidente andino Rafael Reyes creó en la costa norte un departamento con el nombre de Atlántico.

Toda esa carga despectiva ha sido un disimulado proceso de destrucción de identidad que incluso ha obtenido respaldo de algunas élites del Caribe que desprecian lo que somos. En cierta ocasión, le pedí a una servidora pública que dejara de decir “Costa Atlántica” para referirse al Caribe, su respuesta fue que era un simple nombre y que eso no debía causar problemas. Sin embargo, insistir en que nos llamen “Caribe”, como lo que somos, no es capricho de un nombre ni ganas de generar problemas; sino negarse a seguir siendo representados discursivamente por lo que desde Bogotá se dijo de nosotros y no por lo que realmente somos.

Nelson Rafael Jiménez Castro es estudiante de Maestría en Gobierno, Territorio y Gestión Pública, comunicador social y catador de jugos de guayaba agria.




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