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A Chochó le mataron la inocencia, la esperanza y la amistad

Jesús David quedó en la mente por su inocencia; José Carlos nos enseñó a morir con esperanza y Carlos Alberto será recordado por su gran acto de amistad.

Hace escasamente un mes (parece que fue ayer), al principal corregimiento del municipio de Sincelejo: Chochó, le mataron la inocencia, la esperanza y la amistad.

La inocencia del corregimiento sincelejano de mayor población (7.000 habitantes, aproximadamente), se llamaba Jesús David Díaz Monterrosa.

Él tenía solo 18 años y en tres meses iba a cumplir la primera meta que tiene cualquier chico de su edad, graduarse de bachiller. Lea aquí: Familiares de los jóvenes asesinados en Chochó, con el dolor intacto

Sus familiares, sobre todo sus amigos, lo llamaban cariñosamente “Bolita”, y pertenecía al grupo de danza de su pueblo.

Le gustaba tanto el baile folclórico que la tarde del 25 de julio pasado, después de la escuela, se alistó para ir a un ensayo más, sin embargo, estaba ansioso, como si fuera la primera vez.

Entonces, cuando esperaba la hora para salir de casa e ir a cumplir su cita con la danza, recibió un mensaje de Whatsapp en el cual le decían que el ensayo vespertino, se cancelaba. Siga leyendo: Caso Chochó: esto dijo la Fiscalía sobre las investigaciones

Instantes después, a su residencia del barrio Villa Karen, compuesto por familias desplazadas por la violencia, llegó la esperanza, la cual tenía por nombre José Carlos Arévalo Contreras, aunque le llamaban “Mayti”, a veces “Bemba”

La esperanza tenía 20 años, todavía tenía mirada de adolescencia y confiaba en recuperar la movilidad de su mano izquierda, cortada por la intolerancia, cuando defendía a un tercero. No solo quería ser un mecánico de motos, quería ser el mejor.

Esa tarde, la esperanza invitó a la inocencia a ir a ver practicar “stunt” o acrobacias en motocicletas sobre un corto tramo de la vía hacia el vecino corregimiento de Las Palmas, utilizado como escenario. Siga leyendo: Video: Una foto y una testigo, las pruebas claves en la masacre de Chochó

Cuando observaban piruetas, apareció una jauría de patrullas policiales, y como lo que en otros países del mundo es un deporte, en Colombia es “delito”, la veintena de los jóvenes reunidos, se esparció rápidamente.

La esperanza montó nuevamente a la inocencia en su motocicleta y juntas “huyeron” a casa, sin sospechar siquiera que los uniformados sangraban de ira, pues les acababan de quitar a un hermano, a un miembro de su extensa familia.

Y la inocencia empezó a ser “tocada”. No entendía el porqué del impacto que le acababan de dar con un proyectil a su rodilla izquierda, cuando corría con la esperanza a refugiarse como si hubiesen robado un banco o atracado a alguien. Nunca lo supo. Lea: “Encontré a mi hijo con 3 tiros”, papá de joven asesinado en Chochó

La inocencia quería seguir bailando, necesitaba que su rodilla siguiera ágil, por eso tras llegar a casa, en compañía de la esperanza, intentó ir a buscar ayuda médica, pero en la intersección de la vía Chochó-Sincelejo, todo se tornó de verde.

Familiares de los jóvenes asesinados estuvieron en la audiencia pública convocada por el senador del Pacto Histórico Alex Flórez. // El Universal
Familiares de los jóvenes asesinados estuvieron en la audiencia pública convocada por el senador del Pacto Histórico Alex Flórez. // El Universal

Eran cuatro policías defensores de la infancia y de la adolescencia, en picada apuntándoles en la cabeza, si, justamente, a dos adolescentes, a quienes también, mientras ensuciaban sus nombres, les transferían, mediante tortura, su fraternal dolor.

Entonces apareció la amistad, que al nacer hace 26 años, fue bautizada como Carlos Alberto Ibáñez Mercado y que hace tres, paradójicamente, prestó el servicio militar como policía auxiliar, entendía de operativos policiales. Lea el desgarrador relato de la principal testigo del triple crimen en Chochó

La amistad, al ver a la inocencia y la esperanza, sus amigos, ser humillados en su moral y dañados en sus integridades físicas, intentó hacer entrar en razón a los irrazonables de Uber, Leila, Bernardo y Diana, quienes reaccionan “invitándola”, pero como carne, a su festín.

Avanzado ya el jolgorio, irrumpió la demencia, repleta de amargura y sin cabellera, raptando para él solo, aquellas tres ingenuas y tiernas presas con ayuda de otros secuaces, haciendo luego cobardemente un triple arrebatamiento que no le pertenecía.

Ahora la inocencia, la esperanza y la amistad de Chochó no están entre nosotros y más doloroso aún, no están entre sus familiares y amigos, pero sus almas ya entienden y saben todo, incluso descubrieron porqué, donde vivieron escasos años, la realidad supera la ficción. Le interesa: El dolor y la sed de justicia de Chochó vistos en imágenes




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