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Tres trampas mentales en las que puedes estar cayendo y cómo evitarlas

El psicólogo Sergio García Soriano explica tres trampas de tu mente: el YO, la excusitis y creer que se puede leer la mente de los demás.

Nuestra mente crea relatos o historias que nos contamos para tener una perspectiva de vida, frente a nuestro día a día. Sin embargo, algunas de estas historias son autoengaños muy desarrollados en nosotros y que tiñen nuestra mirada de “fake-news” inventadas por nosotros mismos. A esto se le llaman trampas mentales.

El psicólogo Sergio García Soriano cita tres de estas trampas: el YO, la excusitis y creer que se puede leer la mente de los demás. Conoce de qué se trata cada una y la solución que se plantea. Lea: Psicología de la vida cotidiana: ¿puedes reconocer un micromachismo?

Trampas mentales: el YO

La trampa mental del “YO” es aquella que acontece cuando una persona piensa que todo lo malo que ocurre en el mundo es por ella. Ejemplo sería: “Tengo mala suerte” “Tengo mal karma” “Estoy gafado/a”. Y esa culpa hacia sí le genera estrés.

Solución: realmente no tolera a los demás y fantasea que cuando le vayan bien las cosas será única y exclusivamente por sí mismo. Cuando acepta su narcisismo y se sale del papel de víctima, esta trampa mental desaparece.

Trampas mentales: excusitis

A la segunda la llamaremos “excusitis” . Excusas que nos damos para no tomar decisiones y que las sentimos como verdaderas. Los demás tienen la culpa de todo lo negativo que pasa en mi vida. Se acompaña principalmente de la palabra “es que”, “es que el Gobierno”, “es que mi pareja”, “es que mi jefe”.

Solución: asumir responsabilidades y hablar en primera persona. Aceptar que no quiero hacerlo y averiguar el verdadero por qué. Lea: Salud mental: recomendaciones para gestionar las emociones de manera efectiva

Creer que se puede leer la mente de los demás

La tercera y última, es creer que se puede leer la mente de los demás. Interpretamos el gesto del otro, el ritmo de sus pasos, el tono del audio de whatsapp y sacamos conclusiones sin preguntar ni siquiera por el asunto.

Como no tenemos información fidedigna, la mente llena los espacios en blanco a través de suposiciones y ahí empiezan los problemas de las relaciones, a través de malos entendidos constantes.

Solución: o preguntar o no interpretar el lenguaje no verbal de las personas.

Nuestra manera de pensar no es libre, tiene sus leyes y sus códigos. Está hecha para mantenernos dentro de la “zona de confort”. A salvo de las novedades, de la toma de nuevas decisiones, es decir, quiere conservar el estado previo. Para ello, va a “coherentizar” toda la información recibida y en ese proceso “racionalista” genera subterfugios para el propio engaño.

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