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Hipocondría: los trastornos detrás de la angustia de sentirse “enfermo”

Cuando la preocupación por la salud se convierte en una pesadilla, usted puede estar sufriendo de hipocondría y necesita ayuda profesional.

Una persona hipocondríaca visita en promedio 58 veces al año al médico, estiman los expertos.

Si bien no suele ser grave, la hipocondría sí puede resultar muy incapacitante y afectar el ámbito laboral, familiar o de pareja, dependiendo de la gravedad del trastorno de ansiedad que tenga la persona que padece esta enfermedad.

Entre 15 y 20 % de la población global padece hipocondría, según datos de la Organización Mundial de la Salud, OMS. Lea: Hipocondría...; ¡Miedos que parecen enfermedades!

¿Pero qué es realmente la hipocondría? Es una patología relacionada con la ansiedad que se basa en un miedo excesivo e irracional a padecer una enfermedad física o mental.

En ese sentido, la psiquiatra Rosana Gluck, adscrita a Colsanitas, explica que la hipocondría es una condición que desde hace mucho tiempo se encuentra rodeada de estereotipos y falsas suposiciones.

Es habitual que, ante alguna enfermedad, usted haya ido a investigar en internet sus síntomas y haya terminado preocupado por los resultados que este arroja.

Pero finalmente, luego de consultar con un experto de la salud, se da cuenta que no hay una razón para preocuparse, por lo que duda de sí mismo e incluso piensa que puede ser hipocondríaco.

El estigma frente a la hipocondría

La experta señala que la “persona está convencida de su enfermedad y está dispuesta a encontrar respuestas y soportes clínicos para ello”. Lea: La enigmática realidad de la hipocondría

Es decir, investiga múltiples especialistas en búsqueda de respuestas a su “dolor” hasta que alguno esté de acuerdo con lo que siente. Sin embargo, esta enfermedad no es una condición física, sino psicológica.

Para estas personas hipocondríacas la angustia es real, constante y persiste a lo largo del tiempo, mientras que el motivo (la enfermedad temida) puede variar.

Gluck comenta que el estigma frente a la enfermedad es otro punto a considerar, ya que muchas veces se les acusa de sobrecargar los recursos del sistema de salud y no se les toma en serio.

Destaca que el tratamiento de esta enfermedad debe siempre comenzar con la psicoterapia, que puede en muchos casos ser acompañada con medicamentos que faciliten el control de la ansiedad.

¿Cómo detectar la hipocondría?

Los principales síntomas que puede causar la hipocondría son la ansiedad y la preocupación excesiva por síntomas o molestias físicas del propio cuerpo.

La mayoría de síntomas están relacionados con un ciclo de pensamientos obsesivos que se rompe al visitar al médico.

Estos otros síntomas son: vértigo, mareos, dolor de cabeza, taquicardia, opresión torácica, dolores musculares, espasmos y sudoración excesiva.

Tres trastornos asociados a la hipocondría

La hipocondría es explicada en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría en su quinta edición (DSM-5) como una persistencia de la ansiedad o la conducta relacionada con la preocupación de estar enfermo. Lea: Trastorno histriónico: lo pueden sufrir aquellos que buscan aprobación

Tiene tres trastornos particulares que son asociados con la condición, dice la psiquiatra Rosana Gluck adscrita a Colsanitas.

1. El Trastorno de ansiedad por enfermedad: caracterizado por una ausencia de síntomas (o presencia de unos muy leves) y una ansiedad desmedida, asociada al temor y al convencimiento de padecer o estar por adquirir una enfermedad. La angustia es real, constante y persiste a lo largo del tiempo.

2. El trastorno de síntomas somáticos: consiste en la presencia de uno o más síntomas, incluso asociados a una enfermedad o condición médica preexistente, pero que producen una ansiedad y fijación desmedida y persistente que puede llegar a ser incapacitante para el que lo padece. La hipocondría cuenta con tres trastornos particulares que son asociados con la condición.

3. El trastorno facticio o síndrome de Münchhausen: es propio del paciente que finge tener síntomas, se los induce o altera muestras en pruebas diagnósticas (entre otros recursos semejantes) para poder buscar y recibir atención médica sin que esto le traiga un beneficio aparente.

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