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Filtros de Instagram, los nuevos referentes para las cirugías plásticas

Los referentes para realizarse cirugías estéticas dejaron de ser las celebridades. Ya es usted mismo, con filtro. Esto hay detrás.

Tener una apariencia física que se corresponda con los estándares sociales de belleza occidentales es casi imposible para la mayoría de mortales. Sin embargo, verse con mejillas delgadas, pómulos prominentes, nariz estilizada y labios inflados es cada vez más sencillo gracias al uso de filtros de imagen incorporados en aplicaciones como Instagram, SnapChat y similares. Tan fácil como tocar la pantalla del celular: de inmediato se es bello y elogiado por los demás.

La influencia de estas tecnologías en la autopercepción y la autoaceptación ha desencadenado que –como desde hace varios años lo confirmó la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos– sea cada vez más común encontrarse en las consultas médicas para intervenciones estéticas a pacientes que, en lugar de llevar fotografías de sus celebridades favoritas como referencia, llevan fotos de ellos mismos, intervenidas con los filtros. Lea aquí: Qué hacer si quiere practicarse una cirugía plástica en Cartagena

La cirujana plástica Lara Devgan le dijo en 2020 al medio CNN que la mitad de sus pacientes ingresaban a consulta con imágenes de referencia de ellos mismos editados o filtrados. “En lugar de pedir la nariz o la barbilla de cierta celebridad, los pacientes ahora están trayendo fotos editadas de sus rostros”.

En el mundo, de acuerdo con la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISAPS, por sus siglas en inglés), la cirugía de párpados representa el 12,1 % de las intervenciones quirúrgicas y la rinoplastia el 8,4 %. Por otro lado, intervenciones como el bótox representan el 43,2 % de los procedimientos no quirúrgicos y la aplicación de ácido hialurónico en labios el 28,1 %. Todos ellos encaminados a hacer modificaciones muy similares a las que se logran con los filtros.

Durante los últimos años, Colombia se ha ubicado en los primeros puestos del ranking –según la cantidad de operaciones– de la misma organización.

Exigencias sociales

Históricamente las sociedades han impuesto patrones de belleza que, además de cambiantes, son difíciles de cumplir para la totalidad de la población. En la época actual, señala el psicólogo Rodrigo Mazo Zea, PhD en Psicología y director de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana, el contexto responde a una alta competencia social mediada por las redes sociales, en el que impera una necesidad por obtener más “me gusta” que los demás, a partir de lo que se muestra o se presume.

Como si esto fuera poco, se ha confirmado que los seres humanos desarrollan sus esquemas de autorreferencia a partir de los mensajes que reciben de los otros, es decir, explica Mazo, “los criterios de autoimagen o esquema corporal no se basan tanto en la impresión que la persona tiene de sí misma, de si se gusta o no, sino de la retroalimentación que recibe de los demás”. Es cuando, al momento de comprar un vestido o unos tenis por ejemplo, el individuo toma una foto de los mismos y se la envía a amigos para obtener su opinión y con base en ella tomar una decisión.

La obsesión por responder a los estándares sociales de belleza hace que los criterios de autoexigencia personal sean muy altos, “tanto así que cada persona parece focalizarse más en lo que considera son sus defectos corporales: los exagera y hace hasta lo imposible para cubrirlos”.

La focalización y exageración en la imagen pueden conllevar a lo que en psicología se conoce como Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), cuya prevalencia, según Mazo, se ha incrementado en los últimos años.

El TDC consiste en tener una excesiva preocupación por la imagen física, resaltando –uno mismo– los aspectos del cuerpo que se consideran defectuosos, incrementando el foco de atención en aquello del cuerpo que, se cree, puede ser criticado por los demás.

En ese orden de ideas, se llevan a cabo “estrategias de afrontamiento” para sentirse mejor: acudir a cirugías estéticas, pasar largas horas en salones de belleza, tener una excesiva dedicación al gimnasio, recurrir al excesivo control de la alimentación o gastar enormes cantidades de dinero en prendas de vestir para intentar responder a estándares de belleza sociales.

Finalmente, complementa el especialista, las redes sociales y la posibilidad de cambiar el aspecto físico a través de la cámara “ayudan a hacer ocultamientos, tanto que llevan a la persona a desear responder a la imagen que se expone virtualmente y a denigrar de la imagen real que mira en el espejo”.

¿Problema de autoestima?

Gustarse a uno mismo y a los demás implica a día de hoy mantener una máscara que oculta una realidad que no se desea aceptar, continúa el psicólogo, situación que lleva, en algunos casos, a tener temor de exponerse a una interacción presencial. “Para superar esto es preciso volver sobre sí mismo, rescatar la idea de gustarse antes que a otros”.

Desde la psicología se trabaja el concepto de “autoesquemas”, que son el conjunto de juicios descriptivos y evaluativos que los individuos hacen de sí mismos, a través de los cuales se expresa el modo en que la persona se representa, conoce y valora a ella misma.

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La función de los autoesquemas es ayudar al individuo a entenderse y guiarse, así como a controlar y regular su conducta. “La autoestima es uno de los cuatro autoesquemas”, explica Jorge Mario Rubio, magíster en Psicología y docente de la Universidad de Antioquia.

El primero de ellos es el autoconcepto (lo que pienso acerca de mí mismo), el segundo es la autoimagen (cómo me veo), el tercero es la autoeficacia (lo que pienso que soy capaz de hacer) y el último es la autoestima (el valor o el amor propio). “Todo esto es un asunto muy distinto, esta más relacionado con la autoexigencia, los altos estándares y –sobre todo en lo que respecta con la apariencia física– de la sociedad actual”.

Para fortalecer el autoconcepto y la autoestima, Rubio señala que la crianza es fundamental, que debe estar enmarcada en la validación emocional del niño, niña o adolescente, en enseñar a aceptar y reconocer las diferencias. Así mismo, en tener una mirada más compasiva del otro y de sí mismo, con base en una educación centrada en valores, respeto y amor. Entre los adultos, por su parte, dice que “hay que dejar de comparar y compararse, pues casi siempre es imposible lucir como los ideales que se nos proponen”.

Hoy en día nos encontramos en un mundo en el que la belleza digital se impone, pero muchas veces no es alcanzable ese ideal digital. Ahí no debe radicar la salud mental de los pacientes”,

Alfredo Salvador Patrón.

El papel de la cirugía

Los filtros y las simulaciones computarizadas no son algo nuevo en el campo de la medicina y la cirugía estética.

Existen distintos programas que permiten realizar una predicción tipo guía frente al aspecto posoperatorio que podría alcanzar un paciente, narra el cirujano plástico Alfredo Salvador Patrón, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. “Son solo predicciones, no existe la seguridad o la certeza de que esos resultados puedan ser alcanzados”.

El éxito del resultado final de una cirugía depende de múltiples variables, entre las que se encuentra, no solo la habilidad técnica del cirujano, sino la forma de cicatrización que tenga el paciente y los cuidados posoperatorios.

Ahora bien, un dilema ético ha envuelto siempre a este tipo de imágenes modificadas (bien sean las que son a partir de filtros o las usadas por los profesionales de la salud), continúa Patrón: las primera sobre todo “pueden comprometer la ética profesional porque lo que se encuentra en redes no obedece a propósitos científicos, sino más bien comerciales, no pueden ser esas las referencias”.

El profesional expresa que responder a un contexto como el actual (de competencia y altos estándares de belleza) debe ser un trabajo conjunto del personal de la salud, incluyendo tanto a los cirujanos plásticos como a los psicólogos y a la misma sociedad (escuela, familia) con el fin de que sean modificados patrones culturales que, indudablemente, repercutirían en la banalización de ciertos procedimientos y la importancia de la autoimagen.

“Hoy en día nos encontramos en un mundo en el que la belleza digital se impone, pero muchas veces no es alcanzable ese ideal digital. Ahí no debe radicar la salud mental de los pacientes”. Lea además: Turismo en cirugía plástica, lo que debe saber




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