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La bandera que nos abrazó y abraza a todos

La bandera cartagenera fue el estandarte de una de las principales compañías que participaron en la campaña libertadora venezolana.

El 30 de septiembre de 1813, con la llamada Campaña Admirable terminada y un Bolívar triunfante entrando en Caracas, aún quedaban algunos levantamientos por aplacar para sellar definitivamente la salida de los españoles de todo el territorio de lo que se llamaría, en pocos años, la Gran Colombia.

Y, precisamente, para terminar con esos alzamientos, el Libertador ordenó a varios de sus oficiales destacados ir a confrontarlos. Uno de esos patriotas era Atanasio Girardot, coronel del Ejército Neogranadino destacado por su arrojo y valentía y quien, luego de hacer huir a los realistas procedió a clavar una bandera en el cerro de Bárbula. No lo logró. Un disparo de fusil se lo impidió y cayó bandera en mano, muerto al instante. (También le puede interesar:Yamile busca a su hermano y quiere recuperar a sus sobrinos)

Aquella cruel escena ha pasado a la historia en una pintura del venezolano Cristóbal Rojas, siendo una de las más representativas para ilustrar la liberación del país vecino. Muchos desconocen que Girardot había nacido de este lado de la frontera y, sobre todo, muchos desconocen que la bandera que quería clavar lo más alto de aquel cerro la seguimos viendo de este lado, todos los días. Esa bandera era la Cuadrilonga.

La pintura de Rojas pone a un Girardot abatido con una bandera tricolor, similar a la actual de ambos países, tal vez desconociendo la realidad de los relatos de la época. Era tiempos (1883) de exaltar los valores venezolanos y quizás era conveniente alejar un poco la representación granadina y la importancia que tuvo aquel estandarte. Sin embargo, la historia se ha encargado de hacernos ver que nuestra bandera, así fuera por un breve lapso de tiempo, también cobijó a los nacidos en Venezuela y, de hecho, fue la que el gran Libertador portó cuando entró triunfante en Caracas al culminar aquella recordada campaña.

Francisco Aguiar, escritor venezolano radicado en nuestro país, cuenta que conocía algo de la historia y que, incluso, el valor del aporte cartagenero a la campaña libertadora de Venezuela fue mucho más allá del simple estandarte.

“Yo sabía que Bolívar había entrado a Caracas con esta bandera y que el apoyo de los cartageneros a la causa libertadora fue invaluable. Y gracias a ese apoyo pudo volver a Venezuela a seguir la lucha independentista. Básicamente le sirvió para levantar cabeza”, refiere Francisco, quien agrega que en el camino de sus lecturas también ha ido conociendo de resonada muerte de Girardot en lo que hoy es el Estado Carabobo.

Aguiar añadió que desconocía que Bolívar incluso había sido homenajeado con nuestros tres rectángulos al momento de su muerte. (Lea también: Yeniree, una mujer que desafía los estereotipos con su lavadero de autos)

“Es algo lógico. En ese momento esa bandera pertenecía a esta región costera, éramos como un solo departamento”, indica el escritor, resaltando a la bandera como un símbolo de unidad y hermandad que sirvió para tener una visión a futuro en esa época.

“Esa bandera ha estado de forma perenne en nuestra historia y es una bandera muy bella”, remata.

Hoy, cuando cientos de cartageneros y cartageneras saldrán a disfrutar de desfiles, danzas y reinas que exaltan y celebran nuestra libertad, nuestros hermanos venidos del ‘Bravo pueblo’ no deben sentirse excluidos. Esa bandera de tres colores más la estrella que ahora los acoge, ayudó hace dos siglos a que su libertad también viera la luz y al verla flamear la sangre debe hervir en las venas de los que, por las vueltas de la historia, vuelven a ser sus hijos.

La bandera

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