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Cartagena, un nuevo camino para la venezolana Paola Carrasco

A Paola la movió el deseo de tener a su primer hijo en las mejores condiciones posibles. Como emprendedora ha encontrado en Cartagena y en las redes sociales a sus mejores aliados.

Una mesa amplia con desayuno servido para 15 personas, quizás 20. Comienzan a llegar tíos, hermanos, sobrinos, abuelos, toda la familia; hay sonrisas, conversaciones... y hay nostalgia en ese recuerdo que se mantiene intacto en Paola Carrasco. Esa mesa, la familia, es una imagen que guarda para recordar con amor a su natal Venezuela, donde creció, donde estudió Derecho para luego aprender que ese no era su camino.

Nació y se crió en el Estado de Guárico, Valle de la Pascua, y ahí en la casa de su mamá comenzó un negocio junto a su esposo: un restaurante de hamburguesas. Todos participaban, eran genuinamente felices hasta que un día los insumos comenzaron a escasear. Primero fue la harina para el pan, luego la mayonesa y, de repente, no había carne. “La situación empeoraba, en abril de 2019 nos dijeron que se iba la luz varios días, y pasaron 7, luego 16, la carne que habíamos conseguido comenzó a dañarse y me había enterado de que estaba embarazada, nos tocaba sacar los muebles a la terraza para dormir. Con mi hijo en camino sabíamos que no podíamos seguir viviendo así”, cuenta Paola.

El mayor miedo familiar era que Paola entrara en trabajo de parto y requiriera de servicios médicos que dependieran de la energía eléctrica, así que revisaron posibles destinos. El clima y lo parecido que es al sitio natal de su esposo, puso a Cartagena de Indias, en el Caribe colombiano, como la primera opción. (También le puede interesar: “En Colombia sí hay oportunidades”: el testimonio de una joven migrante venezolana)

“Todo estaba destinado a salir bien”

No conocían a nadie en la ciudad y tenían un límite de 10 días para encontrar dónde vivir. “Buscamos en el periódico, en internet, hasta que dimos con un apartamento. El problema es que el único documento que teníamos era nuestro pasaporte, pero todo estaba destinado a salir bien”. Paola reconoció en el apartamento una foto de Islas Margarita, Venezuela, y le preguntó al dueño del inmueble. “Me contó que trabajó por más de 20 años en mi país como docente, y como le fue tan bien, el dinero lo invirtió en casas en Cartagena. Hicimos clic y él nos dijo: confío en ustedes; así que nos mudamos”.

Encontró una tribu

En septiembre de 2019 llegó al mundo Juan Diego, el primer hijo de Paola. ¿Y ahora qué? Fue la pregunta que surgió y que fue contestada con un hashtag en Instagram. “Busqué #LactanciaMaterna, #MamásCartagena, y así encontré a una tribu aquí, en este sitio que hace unos meses era desconocido y que hoy era la casa de mi familia”.

La invitaron a un encuentro al que le daba miedo asistir, había escuchado que no siempre eran bien recibidos los venezolanos en Cartagena, pero lo que se encontró la asombró. “Un montón de personas que no se fijaron en mi acento, fueron empáticas, cariñosas, y de ahí comencé a formar relaciones de amistad muy fuertes, conocí una nueva familia”, dice.

Encontró su pasión en Cartagena

Una segunda búsqueda le reveló cuál era su pasión. Desde que llegaron a La Heroica la misión había sido emprender, intentaron hacerlo con un restaurante pero llegó la pandemia, luego con la venta de lencería femenina que fue un éxito en los primeros días del aislamiento obligatorio que vivía el mundo, pero que después perdió fuerza. Y cuando todo comenzó a reactivarse en la ciudad notó la cantidad de eventos que tienen lugar en su nueva tierra y buscó #Decoración #CursoDeDecoración, y encontró su destino. “Solo había decorado fiestas familiares pero nada espectacular, así que hice el curso y practiqué y practiqué, a veces me frustraba y mi mamá me motivaba para que lo volviera a intentar, y de repente comencé a hacer decoraciones en fiestas de conocidos, de amigos de mis amigos”, explica Paola. (También te puede interesar: Aunque el sol pegue sin piedad, un venezolano lo estudia desde Cartagena)

El negocio de Paola y su familia comenzó a crecer, y hoy no para. “Vivo orgullosa de mi historia, de ser venezolana y estoy muy agradecida por haber llegado justo a esta ciudad, por conocer a estas personas. Aquí encontré mi pasión, tuve a mi hijo que es más cartagenero que el “ay ombe” y descubrí mi pasión, llegué aquí no como un final, es el inicio de un nuevo camino”.

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