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El incremento de los combustibles

“A pesar de la clara necesidad de nivelar los precios internos frente a los internacionales, es de esperar que se aplacen los inevitables aumentos hasta el momento en que sea...”.

Se sabía que en algún momento el Gobierno tendría que enfrentar la dura decisión de incrementar el precio de los combustibles, con miras a restituirle a Ecopetrol la abultada deuda por asumir la diferencia entre el precio real de estos, con el que se vende a distribuidores y consumidores.

De hecho, el gobierno de Iván Duque dejó en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) la necesidad de incrementar tales precios, con lo cual solo faltaba que el Ejecutivo definiera la fecha de inicio de ese cobro, los plazos y las condiciones.

Tal parece que el presidente Gustavo Petro, consciente de que está en el mejor momento para asumir semejante costo político, ha optado por hacerlo sin ambages, tal como lo señaló en su Twitter en una serie de mensajes, en los que se compromete a disminuir el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).

Está bien que el presidente ponga la discusión sobre el tapete, pues buena parte de ese déficit lo ocasiona el subsidio que el Estado mantiene en favor de los consumidores de gasolina y diésel. Y es de altísimo interés además por el crucial momento en que se incrementarán tales precios.

En efecto, por décadas no sufríamos de altísima inflación, que es el impuesto que más castiga a los pobres y destruye riqueza. Ya tienen suficiente los hogares colombianos que lidiar con los esfuerzos para llegar a fin de mes, con los altos precios de alimentos, servicios públicos, intereses corrientes y de mora, y otros bienes y servicios de estimable necesidad.

Si hay un incremento considerable en los precios de los combustibles, no habrá sector que no sufra una alzada aún más dramática de la inmisericorde inflación, con lo que supone, además, la escalada de los precios tan común al inicio de cada año; a lo cual habría que sumarle el incremento en el monto del salario mínimo, que se pronostica superior al diez por ciento que fue aprobado en el anterior Gobierno Nacional.

Y es que las razones que llevaron a la extraordinaria estabilización de precios de los combustibles en los dos últimos periodos fue el imponderable de la pandemia por el COVID-19, decisión más que justificada, pues había que hacer todo esfuerzo posible para disminuir el impacto del inevitable empobrecimiento debido a la ralentización de la economía de los hogares y de las micro, pequeñas y medianas empresas en 2020 y 2021.

En consecuencia, a pesar de la clara necesidad de comenzar a nivelar los precios internos frente a los internacionales, y de que es evidente que deberá hacerse gradualmente para evitar un daño social por cuenta de presiones insostenibles sobre el costo de vida, es de esperar que se aplacen los inevitables aumentos hasta el momento en que sea palpable que la inflación comienza a ceder o al menos hasta que se estabilice; igualmente, que no se incremente el precio del ACPM, que sustenta el transporte de carga y pasajeros.

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