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Educación y paz total

“Hoy, que se celebra el Día Internacional de la Educación, conviene animar al Gobierno nacional a que priorice la inversión, pero además inventaríe y corrija, generosamente, los faltantes de todas las escuelas y colegios oficiales (...)”.

Poco antes de estallar la Primera Guerra Mundial (1914-1918) responsabilizaron a la escuela tradicional de fomentar el odio y la rivalidad entre naciones vecinas, señalando que los planes de estudio eran tan anacrónicos e irracionales que asfixiaban la creatividad, y extinguían la solidaridad, caldo de cultivo de la xenofobia y la violencia. Como antídoto, diseñaron ‘La Educación para la Paz’ (1920), cimentada en valores, sabiduría, actitudes y habilidades, enmarcadas en el respeto a las diferencias y la hermandad sin cortapisas.

En los 70, cuando el continente americano estaba en plena ebullición política y social, la ONU inició su programa bandera ‘Educación para la Paz’ dirigido a capacitar integralmente a las nuevas generaciones en la llamada ‘Cultura de paz’, herramienta indispensable para que, sin distingos políticos, credo religioso, estatus socio-económico y sin derramar una sola gota de sangre o lágrima, resolviéramos los conflictos utilizando el diálogo, no los fusiles, ilusionados con el mundo pacífico, educado y equitativo que soñamos.

En Colombia, medio siglo después, tan nobles ideales yacen asfixiados por avalanchas de egoísmos, corrupción y batallas politiqueras, impidiéndonos disfrutar un día de tranquilidad.

Expertos en desactivar conflictos sociales sostienen que la Paz, auténtica y definitiva, germina en los surcos de la justicia y la equidad, se fortalece en los hogares y escuelas, promoviendo y aplicando, in situ, el respeto absoluto a los Derechos Humanos, explorando soluciones salomónicas y creativas, extinguiendo los fogonazos de la violencia, convirtiendo a los docentes en Maestros y asegurándose de que nadie asista a clase con el estómago vacío.

La clave es entonces enseñar con el ejemplo, motivando a perseguir las metas sin atropellar a ninguno, trabajando en equipo; perdonar como prerrequisito a ser perdonado, a reflexionar, intercambiando opiniones sin rasguños ni madrazos.

Hoy, que se celebra el Día Internacional de la Educación, conviene animar al Gobierno nacional a que priorice la inversión, pero además inventaríe y corrija, generosamente, los faltantes de todas las escuelas y colegios oficiales de este país encabritado, para luego llenar el recipiente de los sueños de cada muchacho, convenciéndolos de que, sin importar lo utópico que parezcan, si se lo proponen, tarde o temprano se harán realidad.

Tarea de colosos rescatar esa multitud de jóvenes náufragos del Estado, sin presente ni futuro, para incorporarlos a la Paz Total, lo cual requiere, tanto a nivel distrital, departamental como presidencial, se reconozca que nuestro sagrado territorio cada día es más violento e invivible, como consecuencia lógica de una educación pública de cinco centavos y desgarradores cinturones de inequidad, olvido y miseria.




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