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Congresistas

Señores congresistas. Honorables señores y señoras elegidos por un pueblo agobiado. Frente a sus narices está “implosionando” la institucionalidad. Hablo en nombre de muchísimas personas que me preguntan: ¿Qué va a pasar con nuestra patria? Trato de calmarlos, no sé hasta cuándo aguanten mis argumentos para darles esperanzas. El tema de la reforma del sistema de salud dispara las angustias, los dolores físicos, emocionales y espirituales. Nosotros, los que sufrimos tanto como médicos y como pacientes el otrora sistema nacional de salud, mal llamado Seguros Sociales, tenemos un temor reverencial de volver a esos años aciagos, de los años 50 hasta mediados de los 90 del siglo pasado. Si se reforma el sistema de salud, sería un delito de lesa humanidad.

Nuestro sistema actual consiguió casi un pleno aseguramiento, faltando aquellos lugares donde “el Estado no llega”, no solo la salud, el Estado mismo: jueces, profesores, FF. AA., sacerdotes ni vías, eso merece también una discusión profunda. Pero ¿tumbar todo para devolver a los administradores del siglo pasado el manejo de nuestra salud? Tamaña afrenta por odio a los ricos (Colombia no es país de ricos, es país de trabajadores), de un país de muchos pobres, quienes sufrirán las consecuencias. Lo maquiavélico es que el presidente, con tantos años siendo congresista, sabe que la propuesta debe pasar como ley estatutaria por ser derecho fundamental no ordinario. Es sospechoso.

Los pupitrazos, el quorum y ya no podemos hablar de mermelada... Es una franca intimidación a los parlamentarios, dan asco. No entiendo cómo aquellos congresistas que, se supone, deben estudiar, analizar y que tienen un mínimo de preparación, no ven la hecatombe de transitar proyectos que unos a otros se bombardean cual batalla en Gaza: reforma pensional, laboral (pliego de peticiones), salud y educación pidiendo gratuidad universal con recesión económica no declarada pero ya sentida. Para colmo de males, el presidente dijo en la cumbre COP28 Dubái: “Colombia no va a explorar más gas ni petróleo”, pero sí da aval para hacerlo en Venezuela, contradicciones tras contradicciones. ¿Y los ingresos de la nación?, dirá, caerá maná del cielo. No, señores congresistas, no pueden arrodillarse. Tienen que ser coherentes y hacer un alto.

Que si las estrellas, el tren volador, el bitcoin, molinos de vientos, blockchain, más impuestos y la industria que siga a la brava con el viento en contra, menos apoyos a las PYMES, la construcción en picada, no más peajes, sin concesiones y así trinos en cascadas... ¿teléfono inteligente? Y, lo más aterrador es ver las caras de los ineptos ministros, cual borregos, no ejecutan ni dirigen sus carteras como debe ser. La cara de lelo del ministro de Defensa ante la inseguridad creciente y la del ministro de Salud diciendo locuras. Nunca pensé que pudiera superar el odio y tozudez de la Corcho, lo ha hecho con creces. Señores congresistas, escuchen el clamor de los colombianos, paren en seco tanta afrenta, no son ustedes ni su bienestar, es el de cada colombiano. ¡Basta de arrodillarse! No les dejen todo a los jueces.

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