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Tocando fondo

Una de las expresiones que más se escuchan en momentos de crisis, de incertidumbre o de temor por las circunstancias que atraviesa una ciudad o una nación, es que “ya estamos llegando al fondo” o “ya lo tocamos”, y por lo tanto lo que viene es, como por efecto de rebote, salir de ese fondo, o de ese hueco y alistarnos para un periodo de prosperidad, de crecimiento o de bondades.

Lo que hasta hoy nadie ha demostrado es si realmente existe un fondo o un límite en ese descenso de la confianza y del optimismo y, por el contrario, lo más probable y demostrado en múltiples ocasiones en otras naciones y ciudades, es que ese fondo puede tener límites insondables o, en otras palabras, no hay tal fondo.

No es mi deseo insistir en el pesimismo o en la incertidumbre que tenemos por nuestra ciudad, máxime cuando vemos noticias de los avances, inversiones y proyectos de otras ciudades, o como sucedió con el informe de la semana anterior del programa Cartagena Como Vamos, que en todos los indicadores de calidad de vida o de bienestar estamos casi de últimos entre las 23 ciudades más grandes del país.

No es sensato ni cuerdo pensar que vamos a salir de esta crisis de ciudad por generación espontánea, por casualidades o por un milagro, o que Dios va a venir a ayudarnos a salir de este hueco, pues creo que aún no llegamos al fondo y lo importante es que no va a venir nadie a hacernos el trabajo o a iniciar un proceso de transformación positiva, de reconstrucción de la confianza, de generación de oportunidades para que la ciudad inicie una etapa de transformaciones y prosperidad.

Es simple y llanamente decisión de los cartageneros asumir las tareas que nos lleven a confiar en nosotros mismos, o como decía recientemente el concejal Cesar Pion, “ponerle el cascabel al gato”, y eso empieza en acciones tan simples como hablar, escucharnos, no para rebatir, sino para ver en qué podemos estar de acuerdo y empezar a remar juntos y hacia un mismo destino.

Es propiciar unos acuerdos sobre lo esencial, sobre lo viable, sobre aquello en lo cual podemos entendernos y dejar de lado lo que nos diferencia. Es comprender que ha sido más fácil entre nosotros destruir que construir; dividir que unir, propiciar desconfianzas que generar confianzas.

¿Será posible que, antes de que se acabe este año, se produzcan convocatorias, llamados, acercamientos o diálogos abiertos, sobre propósitos y fines generales y no particulares, donde el fin último sea construir mejores condiciones para el bienestar, las oportunidades y el desarrollo de la ciudad? Se requiere grandeza y la ciudad en diversas ocasiones del pasado lo ha demostrado. Ahora le toca a quienes tienen roles de liderazgo en sus respectivos campos, hacer el llamado para empezar a cambiar lo que sea posible.

*Sociólogo.

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