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Si no haces tu parte, no te quejes...

Quejas, quejas, quejas. Todo está mal, huele mal, sabe mal. Todos son malos, nadie es suficiente. La queja es sin duda una costumbre aprendida, casi que respiramos justo después de señalar algo que está mal. La gran pregunta es: ¿Cuál es el propósito de la queja? ¿Qué pretendemos después de señalar eso que no nos gusta o que podría ser mejor? Creería que en el fondo hay un anhelo de que las cosas cambien, mejoren, pero tenemos una gran incapacidad, también aprendida, para reconocer cómo generar ese cambio que esperamos, lo claro es que la queja no provoca cambio, pero sí genera desazón, inconformismo, alimenta ese espíritu de que nada vale la pena: ni siquiera salir a votar.

Lo caldeado del ambiente político, que si Fico versus Petro, que quién es el candidato de Uribe, que si Piedad Córdoba esto o si Sergio Fajardo lo otro, dejó de lado las cifras de abstención que siguen siendo dramáticas en un país donde el banano pasó de costar 200 a 500 en la carretilla de la esquina. Nos quejamos de lo que sube, lo que baja, el servicio de salud, el sistema de pensiones, las pocas oportunidades de empleo... pero no ejercemos ese derecho vital de elegir quién nos gobernará, no hacemos la tarea de ver qué proponen más allá de las acusaciones y los señalamientos.

En Colombia la abstención en la jornada electoral del pasado domingo se mantuvo por encima del 50%. Sí, la mitad de los ciudadanos habilitados para votar se quedaron en su casa, casi me parece escuchar la voz de un tío que me decía “y eso para qué, si nada va a cambiar”. Pero amigos, si no creemos en que el cambio es posible, que las cosas pueden cambiar, ¿nos condenamos entonces a vivir en modo pesimismo? ¡Me niego! Vivir así solo sería sobrevivir y no creo que estemos hechos para eso.

Pero el accionar no se reduce a salir a votar, aunque sí es un paso fundamental, hay un mundo de oportunidades para generar cambios desde nuestra individualidad, que por supuesto se potencian si pensamos en movilizarnos en colectivo. Y entonces, si en vez de quejarme porque la ciudad está sucia, que entre otras cosas se ha vuelto paisaje la cantidad de basureros satélite, comienzo a dejar de tirar basura en la calle, a sacar mi basura a tiempo y le enseño lo mismo a mis hijos, nietos, primos, hermanos, y si tengo una queja, por qué no cambiar la queja “porque esta ciudad es una porquería”, y nos sentamos a redactar una queja formal ante la Superintendencia de Servicios Públicos y usamos nuestras redes más para denunciar y enviar mensajes en pro del medioambiente.

No mentiré, es probable que mañana la ciudad no amanezca del todo limpia. Pero tú puedes aportar, hacer tu parte, y soñar, incentivar, promover que más personas comiencen a hacer su parte, y creemos un gran movimiento de ciudadanos dispuestos a aportar por y para su ciudad y sus conciudadanos. Suena utópico, seguro no es fácil, pero ¿y si probamos hacerlo posible? Es solo hacer tu parte...

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