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Racismo colombiano

Colombia es un país profundamente racista. Sin embargo, la mayoría de los colombianos viven de espaldas a esta realidad, la niegan o, como mucho, tratan de explicarla atribuyendo las diferencias de trato no a motivaciones raciales, sino económicas: no se discrimina al negro o al indio, sino al pobre. Como si no fuera casualidad que son siempre el negro y el indio los que acostumbran a ser pobres. Que un país sea racista es algo que, tristemente, no es tan extraño. Lo peculiar de Colombia es la desconexión tan manifiesta que se produce entre la realidad del país y la percepción de sus ciudadanos.

Permítanme que hable del racismo colombiano, pero no desde la perspectiva habitual de denuncia de la discriminación negativa que sufren afros e indígenas, sino desde el punto de vista de aquel que durante años ha disfrutado de lo contrario: la discriminación positiva que sufrimos los blancos extranjeros. ¿Ha sido usted privilegiado por ser blanco? Y tanto que lo he sido. Yo, como español de piel blanca rosada y de ojos castaños claros con tintes verdosos, soy perfectamente consciente de que a mí nunca se me ha tratado igual ni en el trabajo, ni en la calle, ni en las amistades, ni en las relaciones íntimas a causa de mi raza.

Como profesor universitario he sido invitado a más conferencias que a las que se ha invitado a la mayoría de mis compañeros; en las tiendas, restaurantes, hasta por la policía, siempre he sido tratado con más deferencia que la dada a los locales; me han invitado a formar parte de círculos de las élites locales y nacionales en los que, casualmente, siempre todos eran de mi mismo color de piel; y soy consciente de que a más de una mujer la he gozado en el tálamo del amor porque la aludida tenía curiosidad por conocer en tales lides a alguien de mi condición.

Diría una novia que tuve que no era la raza, sino mi origen extranjero y mi buena posición económica lo que determinó todo lo anterior. No somos racistas, diría ella, somos espantajopos y clasistas, y tú, como español y profesor, eres el prototipo de todos nuestros prejuicios positivos. Claro, pero prejuicios que siempre que los reconducimos a su origen, se reducen a una cosa: piel blanca. Sí, extranjero, pero de piel blanca. Sí, profesor, pero de piel blanca. Sí, con buena posición social, pero de piel blanca. Esa es la peculiaridad colombiana, que es un país tan racista que ni es consciente de que es racista.

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