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“Quién asesinó el cambio”

Sin plagiar el libro Quién mató al cambio, de Ken Blanchard (autor de Quién se ha llevado mi queso), dejo escapar una lluvia de supuestos para que pueda servir de herramienta y análisis desde una óptica distinta a la responsabilidad política que no se niega; valdría la pena analizar otras variables que conllevaron al asesinato de Cartagena y a la oportunidad de gritar como Marta: “Maestro, si tú hubieses estado aquí mi hermano no hubiese muerto”.

Ese maestro que conjugo parodiando una lectura Bíblica vive en cada uno de nosotros escondido, secuestrado, acomodado... que si hubiese estado presente en todo momento como identidad cultural, compromiso, sentido de pertenencia, solidaridad y decisión, hoy no estaríamos llorando y pidiendo resurrección. Sospechosos: importaculismo, falsos profetas e interés individual.

Utilizo con respeto el importaculismo como concepto de jerga popular y expresión para contextualizar un fenómeno social y cultural, pues la indiferencia en Cartagena reina ante las problemáticas sociales, perdiendo identidad cultural, estándares de comportamiento, conocimiento y amor por la historia, reinvención con lo innato de la gastronomía, parálisis del folclor y de la identidad festiva, cultura ciudadana promoción y sin sostenibilidad.

Falta de pertinencia y compromiso con todo lo que ocurra en la ciudad, lo que reemplazamos bajo excusa de peligrosidad y el no desacomodarse por el deber, hacer y decir, lo que no permite apostar a decisiones de unidad que mejoren la inclusión y paz social que se esfumó por el interés personal y de algunos sectores que justifican su apoliticamiento conveniente diciendo “no necesito de la política para vivir, le robo porque me ha robado”; tercerizan responsabilidades sin ver sus tintes vandálicos e intereses tatuados que le sirven de alimento al ogro futuro que devorara a las nuevas generaciones; decía Martin Luther King: “El final de nuestras vidas comienza el día en que nos volvemos silenciosos sobre las cosas que importan”. Razón profunda que nos motivó en este período distinguir como ejemplo de lucha a Héctor Trujillo Vélez y Mayra Rodríguez, quienes iniciaron la bandera “diálogo social” que ha ido vinculando a representantes de la ciudad sin tener en cuenta la economía, vinculación política, religiosidad y estatus social para lograr un verdadero cambio.

Maestro Dumek, su fortaleza y la de su familia ante una inmensa guerra y su experiencia en lo público nos devuelven la esperanza “resucite a Cartagena”.

*Concejal de Cartagena.

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