<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Perdón y olvido

Durante más de 2.000 años Europa fue un campo de batalla en el cual quedaron millones de muertos, desplazados y familias desgarradas por naciones tan volubles como sus emperadores, reyes y gobernantes de turno.

Con todas nuestras cruentas décadas nos falta un largo camino, que ojalá no recorramos jamás, para alcanzar las cotas de violencia que durante siglos tuvo la Europa pacifista de hoy. Olvidando los graves conflictos que por centurias tuvieron, si solo sumáramos los millones de muertos de las dos guerras del siglo pasado, nunca llegaremos a tales niveles de violencia. Claro, es justo reconocer que nos estamos esforzando por alcanzar tan vergonzosas cifras.

Por siglos hubo grandes conflictos en la frontera de Francia y Alemania. El problema parece haberse acabado cuando, después de la segunda guerra, niños franceses fueron enviados a estudiar a casas de alemanes y en contraposición niños alemanes vivieron en casas de franceses. Ambos aprendieron idioma, historia y costumbres de los padres, hijos y hermanos de sus eternos y mortales enemigos.

Hace poco más de 100 años Polonia y Ucrania estaban trenzados en una guerra. Lustros después, en plena Segunda Guerra Mundial, uno de los padres de Ucrania, a la sazón líder guerrillero, luchando por la independencia cometió un genocidio contra polacos por el único y execrable crimen de no ser étnicamente ucranianos. Según los polacos unos 80.000 a 100.000 compatriotas fueron masacrados.

Según Ucrania los polacos hicieron algo parecido con miles de ucranianos. Antes de la pandemia Polonia y Ucrania decidieron reconocer los genocidios de parte y parte ocurridos entre 1919 y 1951 y rendirle homenaje a las víctimas. Ambos países tenían la intención de reconocer, perdonar y olvidar.

Hoy, entre polacos y ucranianos, con las armas del perdón y el olvido están construyendo reconciliación y humanidad. Desde febrero centenares de polacos han ejercido como voluntarios en sitios de ayuda y orientación para los millones de ucranianos que han huido a Polonia. A falta de albergues, los polacos abrieron sus casas para hospedar en ellas a miles y miles de ucranianos desplazados por Rusia.

Un ejemplo similar nos dio Sudáfrica con su comisión para la verdad y la reconciliación con miles de dramáticas y públicas confesiones. El proceso no fue perfecto pero la frase de Tutu ha permitido construir, en paz, el presente y futuro de ese país “sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”.

Colombia parece estar perdiendo la oportunidad pues poco ha habido de verdad, justicia o reparación y no repetición. Deberíamos aprender de todo esto y como decía Borges: “El olvido es la única venganza y el único perdón”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

Ver más de




Más noticias