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Nuevas brechas

En Colombia se empezó a estudiar y a diagnosticar las diferencias sociales y económicas desde finales del siglo pasado, adoptando diferentes nombres, en unos casos llamándola pobreza, en otros... desigualdades, inequidades, desequilibrios, para llegar, en especial por organismos internacionales y por expertos extranjeros, en llamarlo como brechas sociales, estos son los desniveles o abismos que se empezaban a evidenciar, en especial cuando a nivel macroeconómico se observaba que el país, por lo menos en la segunda mitad del siglo pasado, presentaba una economía con un crecimiento sostenido, con un importante aumento del gasto social como porcentaje del PIB y otra serie de indicadores.

Todos esos informes coincidían en tres grandes temas: uno, los avances del país en su crecimiento económico; dos, mayor concentración de los ingresos y de la riqueza; y tres, el aumento de las brechas que sostenían a nuestra nación como la segunda más desigual en América Latina. Algunas de las brechas que se describían en los años 90 estaban asociadas con las desigualdades en los niveles educativos, en las dificultades de los jóvenes para acceder a la educación universitaria y a empleos dignos. Naciones Unidas empezó a develar los problemas de la baja calidad del capital humano frente a una economía mundial que cambiaba rápidamente, con nuevas y complejas exigencias en los niveles educativos. A este panorama se le agregaba el aumento de la violencia urbana y rural; en el primero, asociado a las expectativas y desempleo, y en el segundo, al incremento de los movimientos guerrilleros en esos años.

Hoy asistimos a la profundización y ampliación de las brechas entre el campo y la ciudad, entre las ciudades capitales y sus regiones circundantes, entre el hombre y la mujer, entre sectores modernos de la industria, agricultura y ganadería con sectores tradicionales, o como los llaman algunos economistas, atrasados; entre la población joven con acceso a educación, con quienes no tienen esa posibilidad y así prácticamente en todos los campos de las actividades económicas y sociales.

Pero para el caso de Cartagena, como lo señalan los informes del DANE y de Cartagena Como Vamos, existen algunos indicadores que se están convirtiendo en brechas cada día más difíciles de enfrentar, como son la baja calidad educativa, que incide en cerrarle oportunidades a los jóvenes de los sectores populares, haciendo inviable el ingreso a la educación universitaria y al empleo, lo que da como uno de sus resultados la violencia asociada a las necesidades de subsistencia.

Quiero llamar la atención con un tema que nos mostraron hace unos años como la oportunidad de nivelarnos con los países desarrollados, como era el acceso a Internet, pero que desafortunadamente se está convirtiendo en una nueva brecha, solo que más profunda y con impactos a largo plazo, pues realmente en amplios sectores de la ciudad no hay acceso a internet y por lo tanto a lo que este puede ofrecer.

*Sociólogo.

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