<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Navidad líquida

Uno de los efectos fundamentales de equiparar la felicidad con la compra de artículos que se espera que generen felicidad consiste en eliminar la posibilidad de que este tipo de búsqueda de la felicidad llegue algún día a su fin. (...) Al no ser alcanzable el estado de felicidad estable, solo la persecución de ese este objetivo porfiadamente huidizo puede mantener felices a los corredores que la persiguen. (‘El arte de la vida’. Zygumnt Bauman)

La Navidad es sin duda una época con muchos significados. Tradicionalmente se trata de una festividad religiosa que conmemora el nacimiento de Jesucristo. Otras fuentes históricas indican que es una fecha relacionada con el poderoso Imperio Romano, así como con ritos pagados que nada tienen que ver con el nacimiento del niño Jesús y que en cambio habría sido una fecha escogida por la Iglesia como estrategia de expansión.

Así pues, la historia tiene la palabra sobre qué y por qué se conmemora el 25 de diciembre.

En la construcción subjetiva de las creencias, para muchas personas es una época para celebrar y compartir, asociada a regalos, reuniones familiares, unión y fiestas. Para otros en cambio es una época cargada de nostalgia, melancolía, tristezas y sentimientos encontrados; “falta una copa en la mesa y sobra un alma en el cielo”.

Incluso hay quienes la consideran una época más del año, un día sin ninguna connotación especial. Para los centros comerciales será una época esperada y abundante, para los niños y niñas, un momento de alegría y emoción por la llegada de los regalos, Papa Noel o el Niño Dios, pero y para los niños que no tienen regalo, ¿para ellos no llegará Navidad?, ¿existe Papá Noel en todas las casas?, ¿o al menos Dios?

El significado es diferente y el valor que le damos a la Navidad cambia en cada cultura, familia y persona. Todas las perspectivas son igualmente válidas y adaptativas, las conductas en torno a esta época se relacionan con el significado y el valor asignado, las creencias, las expectativas y las posibilidades. Está bien celebrar, pero también es válido no querer hacerlo.

Más allá del origen histórico y del consumismo desbocado, es por más una época que tiende a ser altamente violenta. Aumenta el consumo desenfrenado de alcohol y de sustancias ilegales o adictivas, hecho que se asocia al aumento de las conductas de riesgo, comportamientos de auto-lesión, accidentes y conductas violentas.

El quehacer del ciudadano promedio se debate entre las expectativas de tener, la tristeza de no tener, o el miedo a perder lo que se tiene. Las nostalgias atravesadas en el alma por el ser querido que no estará este fin de año, las pérdidas regresan con más fuerza. No en vano es de los meses con mayor demanda en salud mental, aumento de sintomatología depresiva y exacerbación de síntomas en salud mental, sentimiento de soledad, tristeza, frustraciones, retorno de dolores no elaborados.

Nos haría bien recordar qué es lo necesario y verdaderamente valioso, eso “esencial e invisible” que no se compra en ninguna tienda; de eso, tenemos todos y todas, y de sobra. Vivir estas fechas y todos los días de nuestra vida con sentido de conciencia, con la capacidad de mirarnos, de aprehendernos, de sabernos seres en constante construcción, atados a una herencia cultural que le pone nombre, color, censura y valor a las cosas, a las emociones y a las personas

En una sociedad de consumo, violenta, enferma, opacada por las luces de la avaricia, sociedad líquida con ceguera moral, abracemos la vida con alto sentido de humanidad y con la capacidad de amar a través de los actos más pequeños y sencillos.

Instagram: @m.escallon_psicoforense.

Facebook: @mercedesescallon.psicoforense

Ver más de




Más noticias