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Misoginia

Hace días Latinoamérica estaba conmocionada con la noticia de la joven mexicana que fue encontrada muerta luego de 12 días de búsqueda. Las teorías alrededor del caso culpaban a sus amigas por haberla dejado sola. Otros comentarios las defendían y, con razón, definían que la responsabilidad merecía estar en cabeza de una sola persona, su asesino. Aquel suceso de horror se mantenía fresco, cuando nuestra ciudad protagonizó un hecho macabro cuyas víctimas fueron Verena y su joven hija.

Vivimos en una sociedad peligrosa y misógina. Hay quienes dicen que no conocemos la historia y por eso nos sorprendemos con cada pasaje de violencia. Pero no creo que se trate de desconocimiento, sino que se supone que ya superamos el proceso de civilización, en el que la sensibilidad ante circunstancias atroces no es cosa de épocas y sí de humanidad. Despreciamos la maldad velada que en diversos escenarios se denota frente al género femenino.

Lo más lamentable es que las están matando, pero también es aberrante ver cómo a diario se notician casos de maltratos, violaciones, acosos y la autoridad no ha podido hacer nada al respecto. Solamente ayer se hizo público un video donde unos hombres echaban un balde de agua a una mujer que usaba el baño e ilógicamente eso era motivo de burla; quienes se ríen de algo así, son los mismos que justifican un golpe y sin ningún motivo, dudan de la palabra de una mujer cuando intenta denunciar.

Muchos culpan la liberalidad como excusa para abusarlas. La línea ni siquiera es delgada, hay un trecho ancho entre la libre personalidad y la posibilidad de sobrepasar los límites que el mismo ser impone. Una actitud liberal no es justificación para exceder el consentimiento, por eso tenemos que repudiar ese machismo histórico arraigado que no solo se ve en los hombres, sino también en las mismas mujeres que critican y agreden a otras, simplemente por no aceptar su forma de ser.

Es necesario brindar apoyo en cada circunstancia que represente peligro para una mujer, no podemos desconocer el estado de indefensión en el que se encuentran, y no es porque sean el “sexo débil”, sino que son la carnada diaria de depredadores voraces que tienen como fin lacerar la integridad femenina. Y es cierto que el único culpable es el agresor, pero todos debemos tener posición de garantes y brindar ayuda cuando creamos que están en riesgo. Pues el deber ser es que no les pase nada estando solas, pero ya conocemos las consecuencias de creer que estamos en el país de Alicia.

Es penoso que el enfoque de género solo haya sido un paliativo de esta problemática mundial, hay una gran gama de derechos a favor, que se quedan como una estampa a la hora de ver las estadísticas. Necesitamos redes efectivas de protección, saber identificar las alertas por parte de las autoridades y priorizar las líneas de educación y prevención.

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