<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Mar de Leva

El amante de Lola vino a Cartagena, procedente de Roma. Del aeropuerto salió en taxi rumbo al Laguito, cuando el mar de leva quería tragarse a la Avenida Santander. Las olas rompían en la escollera lanzando abundante agua salada y arrastraba montones de piedras. El mar reclamaba espacios que le habían robado. El amante de Lola, por años ausente de Cartagena, observaba los nuevos edificios, la controvertida protección costera, y una agresiva guerra a los huecos de la penosa herencia que un alcalde le dejó al otro como regalo de año nuevo.

Lola seguía en Roma muy dolida, al conocer que en el Callejón de los Besos y la Miramar no quedaba una casa en pie. Esas residencias señoriales habían desaparecido, un rostro diferente miraba el mar de la bahía. Ya instalado, el amante arregló un tour con el taxista, quien lo llevó al Callejón de los Besos, donde se bajó. Pasando la casa de Rafael Méndez Méndez estalló en llanto al ver el callejón transformado. La casa en donde amó con pasión a Lola era ahora un escuálido edificio sin sonrisa ni gracia.

Fue aún más fuerte su dolor al recordar los morunos Dolce Gabbana que le robaron a Lola en el patio. Cada uno de ellos lo transportaba a esas lujuriosas noches de amor. El taxista lo convenció y logró dirigirse a la Miramar, que también estaba inundada. No le importó bajarse y caminó entre las aguas. Envuelto en sus evocaciones, enloquecido de pasión saltaba chapaleando por el peatonal de Manga. Ya más reposado, aceptó llegar a la Serrezuela, un lugar diferente a la plaza que había dejado en el año 67. Presentaban ‘Sabrosura’, un musical puesto en escena que resalta la cultura cartagenera creado por Boris García y apoyado por la empresa Gela. Fue para él un bálsamo oír cantar a Cenelia Alcázar el tema ‘Noches de Cartagena’ y a Boris, ‘Mi tierra’, del recordado Hugo Alandete. Las espectaculares bailarinas le hicieron rememorar las noches del Tropicana en Cuba. Salió rumbo al Laguito, donde el mar de leva estaba enfurecido. El nivel del mar subía peligrosamente y prefirió recogerse. Decidió volver a Roma. Yendo al aeropuerto se tropezó al alcalde Dumek en la Avenida San Martin, a las 5 a.m., cuando anunciaba nuevas batallas tapa huecos y avisaba que el mar de leva se había marchado. Un obrero del amanecer, más cantante que fino albañil, más tenor que carpintero de ribera entonaba emocionado:

“Y me paré en la playa, y me senté en la arena

Con los ojitos tristes y la mirada larga

Que tardes de verano tiene Cartagena”

El amante de Lola lo escuchó, se despidió nostálgico, dejando atrás un mar en calma y una ciudad sedienta de mejores tiempos.

Más noticias