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Macta, llega...

No profundizaremos en la calidad de esta pieza musical, ahí no hay debate. Pero sí quisiera que olvidáramos por un momento lo pegajosa que puede ser y la moda que se ha impuesto con ella en redes sociales, y pensemos más bien en qué estamos cantando o qué mensajes estamos reproduciendo. No mentiré. Al principio me dejé confundir por su falso mensaje de solidaridad femenina, “Macta, llega”, como un “no me importa lo que digan, le diré lo que vi y que ella tome su decisión”. Luego me detuve un poco más, me senté a ver el video, conversé con otras mujeres, y me prohibí volverla a cantar. No quiero que mis primas, sobrinas, amigas, vecinas o compañeras escuchen cómo reproduzco ideas falsas de lo que es la mujer, de lo que la motiva, o de la relación de enemistad y burla que todos esperan que haya entre nosotras, pero les explicaré por qué.

La letra, en palabras de una gran amiga, no deja de perpetuar un montón de estereotipos contra los que las mujeres seguimos luchando. Que nuestra única motivación es un hombre, que nuestra forma de vestirnos les da el derecho a los demás a categorizarnos, que somos lobas, cachonas, bobas, que nos gusta el chisme y que nos encanta ridiculizarnos entre nosotras. Señores y señoras, les tengo una noticia: eso que ustedes ven como “cierto”, como lo “que somos”, es lo que ustedes han creado con base en experiencias específicas. No es que las mujeres “sean” así. Así como no es cierto que todos los hombres sean infieles, malos padres o agresivos, ¿cierto?

Y ya sé que dirán que no debería tomarlo tan a pecho, que es solo una canción, pero mi respuesta es “no”, no es solo una canción. Es un mensaje que cala en nuestros sentidos, pero que además se convierte en el detonador de más burlas, de odios, de peleas y nuevamente de la costumbre popular de ponernos a una mujer contra otra.

¿Les demuestro que sí cala en la realidad? Hace poco cambié de trabajo, espacio que compartía con mi esposo, y el comentario “gracioso” fue que me avisarían si lo ven con otra mujer. ¿Qué tiene de gracioso? Voy más allá, ¿por qué él no fue objeto del mismo chiste? Ah, sí, porque yo soy la mujer, la potencial boba y cachona según esos estereotipos que llevan años machacando mentalmente mientras tararean un montón de “Macta, llega...” que hay en el cine, la televisión, las redes sociales y la música.

Pero más allá de la canción, mujeres, este momento de la historia nos está regalando una gran oportunidad. Hay tantas iniciativas moviéndose alrededor del mundo en favor de la equidad de género y de la sororidad, de ese apoyo sólido entre nosotras, que no puedo dejar de invitarlas a que ese sea el mensaje que reproduzcamos en cada espacio de nuestra vida.

Las mujeres no somos un deseo enfermizo por tener un hombre al lado, somos líderes, madres, emprendedoras, trabajadoras y amigas... y sí, “Macta, llega...” para apoyarte, abrazarte, aplaudir tus triunfos y acompañarte en lo que haga falta, ahí sí, que llegue Macta, Moni, Tania... todas, lleguen.

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