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Locura y psicopatía

En la jerga costeña y en especial la barranquillera, la palabra loco ha hecho carrera cultural como aditamento de afecto y rechazo cotidiano, dependiendo su tono y su adjetivo: “Oye, loco, te propongo”, “Ajá, loco, pa’ dónde vas hoy” y cuando alguien se atreve a disfrazar, cantar, bailar, aspirar, se dice con sonrisa por sus amigos “Culo ‘e loco es este man pero la vacila”. Total, “loco” hace parte del pan diario de muchos costeños, sin embargo, su significado cambia en el tono usado, por ejemplo, cuando alguien excede la velocidad, hace disparos, agrede o se dice para buscar problemas con otro tono, diría la diva de ‘Yo me llamo’, Amparo Grisales, le faltó el bostezo, desafinó y exageró la nota, cosa que motivaría el deseo del afectado o de quienes presencien la escena diciendo “Loco, hijo... ojalá te mates”. Pero hay un dato curioso en la administración pública, ser loco es aplaudido por lambones y subalternos que buscan ser tenidos en cuenta o cuando hay resultados y se dice el man es loco, pero hace, por decir, Mockus mostró sus nalgas a los estudiantes, se orinó desde un puente peatonal, pero fue el precursor de la cultura ciudadana con estadísticas favorables palpables.

Sin embargo, en muchos sectores del país esa bacanería de la locura ha pasado a la psicopatía definida como un trastorno antisocial de la personalidad (T. A. P.) que los convierte en máquinas destructoras con acciones premeditadas que no solo utilizan sus estigmatizaciones, bullyng, acoso, deshonra de otros para su propio beneficio sin que los resultados sean los mejores.

Creemos que una ciudad en donde el empleo informal se acrecienta, la pobreza monetaria nos hace ocupar los primeros lugares y nos da de primero en 13 capitales del país el TAP va aumentando unos por reclamar y otros por subsistir, y nos lleva al escenario prehistórico de la era mesozoica, en donde solo el más fuerte sobrevivía acompasado por gruñidos poderosos cuando se iba al ataque pero que finalmente tuvieron que mutar porque se fueron destruyendo, quedando por supuesto animales ya controlados por el hombre como el cocodrilo, la tortuga, el elefante y el rinoceronte. Cartagena, no tienes otra salida: o desmontan las bodegas y los disparos que efectúan con manos terceras o, como la fábula de los erizos, en la cual el frío haría festín de ellos porque no soportarían los abrazos: se punzarían y saltarían a la soledad... Sin embargo, se dieron cuenta de que las heridas de sus puyas pasarían a un segundo plano para juntarse y no morir de frío. Merecemos replantear y sacar ese Guasón que llevamos todos por dentro.

*Concejal de Cartagena.

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