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Liderazgo – femenino

Un liderazgo femenino vale la pena cuando su discurso rompe ese “a lo que estamos acostumbrados” y nos acerca a donde queremos llegar como sociedad. Hace unos días vi una publicación de una mujer que dice representar a los cartageneros, a quien llamaré J. La mujer tenía una serie de críticas acerca de otra mujer, funcionaria de la Alcaldía, a quien llamaré H. Y claro, nunca pediría que adoptáramos ese dicho masculino que me parece insoportable y que sabe más a “cubramos entre nosotros lo que está mal”, “no nos pisemos las mangueras”, ni recomendaría que si tu polémica es con otra mujer mejor te callaras o fueras “más suave”, a silenciarte o a ser tibia, por supuesto que no, un debate justificado entre dos, tres o cuatro partes no podemos encasillarlo en géneros, pero definitivamente los “argumentos” hablan mucho de ese liderazgo en femenino.

Después del “bla bla bla” del reclamo, J decide que un buen argumento es señalar las intervenciones estéticas de H, y caemos en el juego de siempre. ¿Qué tiene que ver eso con el debate que al parecer J pretende dar sobre temas de ciudad? Nada. Entonces el reclamo, que pudo parecer justo con argumentos reales, termina en otra “pelea de mujeres” y se desdibujan, si es que las había, las intenciones de generar reflexión o cambio. Y hasta ahí llegó el liderazgo.

Cuando descifré el escenario de la discusión sentí algo de pena, pero también se lo reproché a los medios de comunicación, a nuestras mamás, abuelas, vecinas, que nos enseñaron esa forma de relacionarnos entre mujeres, esa competencia en la que lo importante es sacrificar a la otra. ¡No más! Bastante lucharon otras mujeres por los derechos de los que hoy gozamos y que antes nos eran negados, para que ahora nos sentemos a destrozar a las demás que viven como tú las desigualdades de una sociedad que creció creyendo que era fuerte por lo masculino, la misma sociedad que hoy día a día reconoce la importancia del liderazgo femenino, entonces sigamos la lucha que esto no ha acabado, aún tenemos mucho que conquistar.

Hace 15 días se graduó la primera cohorte de la Escuela de Liderazgo Público para Mujeres de Colectivo Traso, y fue grato ver cómo las mujeres podemos romper esos estereotipos que nos invitan constantemente a competir entre nosotras, a señalar a la otra, a calificar cómo se viste, cómo habla o con quién anda, y construir unas nuevas características, unas cimentadas en el respeto, el apoyo, la empatía, el liderazgo, el trabajo en equipo... el espacio me dejó esa sensación latente de que Cartagena necesita una escuela así a la que podamos ingresar todas, una gran escuela que nos enseñe a ponernos esas gafas violeta.

Ya basta de atacar lo físico, basta de atacar la maternidad, basta de atacarnos como seres humanos, pero sobre todo como mujeres. Tiende una mano, impulsa a una mujer... ¿a mí qué me importa su cirugía estética si lo que necesito son reales hechos de transformación en un territorio que lo pide a gritos?

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