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La pobreza tiene rostro

La cifra es alarmante. 47,8% cartageneros, casi la mitad de la población, viven en pobreza monetaria, es decir, 491 mil personas viven con menos de 360 mil pesos al mes para sus necesidades básicas. Pero las cifras, aunque dan cuenta de la situación, también la enfrían.

Sí. Nadie se va a casa después de leer estas cifras pensando en esas personas; nadie se cuestiona. Por eso es tan valioso el especial de El Universal: “Cartagena, un diamante en pobreza extrema”, porque nos pone de frente con las historias, con los rostros detrás de las cifras, nos señala que en ese 47,8% hay adultos mayores viviendo en soledad, hay madres y padres, pero más aterrador aún: hay muchos, demasiados niños.

En cada historia, aunque el narrador era un adulto, aparecían niños. Eran sus hijos, nietos, primos, vecinos que duermen casi en las tablas, comen una vez al día y viven rodeados de contaminación en todas sus facetas. Preocupa saber que así vive una buena parte del llamado “futuro de la ciudad”.

Es hora de que se comience a hablar de pobreza desde la gente y sepamos que no es lo mismo un adulto comiendo 2 o 1 vez al día, que un niño de 0 a 5 años alimentándose con tan mínima frecuencia, sin contar con la calidad nutricional de los alimentos, afectando su crecimiento y desarrollo.

Tampoco es lo mismo si hablamos de los niños en edad escolar, que según la FAO “necesitan una buena dieta para protegerse de enfermedades y tener energía para aprender”.

Entonces cobran sentido los pésimos resultados en las Pruebas Saber, en las que el 82% de los colegios oficiales de Cartagena están en las categorías más bajas, C y D. Pero qué más podemos pedirles a centenares de niños que duermen en el suelo, con el viento amenazando con derrumbar sus casas, rodeados de mosquitos y con el estómago vacío.

Bien lo decía Cielo Blanco, directora del PES, durante el Foro Prende el Foco por Cartagena, cuando contaba que durante el confinamiento se encontraron, al momento de repartir los mercados, que en la lista decía: una familia; pero cuando llegaban notaban las particularidades, si eran 5 o 2 integrantes, si había niños o adultos mayores, y eso generó esa necesidad de ponerle rostro a la pobreza para enfrentarla mejor, un mercado para todos sin importar cuántos y qué necesidades tenían era evidentemente insuficiente, por eso el ejercicio de identificación propuesto por la directora no solo es válido, es urgente.

Recuerden que son los niños el futuro de nuestro territorio, y solo el esfuerzo colectivo logrará resultados, pero no esperemos más, arranquemos esa identificación ya y comencemos a atenderlos. El futuro no da espera, y el hambre tampoco.

*Comunicadora social.

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