<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

La licuadora

En uno de mis viajes a Santa Marta le pedí a mi compañero que se detuviera frente a un puesto de frutas, donde una morena sonriente y amable ofrecía deliciosos tutifrutis, según la fama. Así que en medio del calor mañanero le pedí uno y me quedé observando, curioso, cómo lo preparaba.

Ella echó una taza de jugo de patilla en su robusta licuadora, y luego agregó piña, papaya, mango y banano, todo picado. Después, echó a andar la licuadora, lo cual me sorprendió, pero ella dijo que esa era su receta especial. La morena sonriente empezó a arrojar allí adentro otros ingredientes: fresas, le dije, no, porque soy alérgico a las fresas, ella dijo no se preocupe mi don, que eso queda todo bien revueltico; siguió con coco rallado, con pocos rastros de su blanco original, le dije, no porque me va a llenar mucho, ella dijo no se preocupe mi don, que eso es un poquito y además usted está como flaco; manzana verde en trocitos, y le dije, uy, eso me va a quedar muy ácido, y ella tomó dos cucharadas soperas de azúcar morena, y antes de poder detenerla las arrojó en la licuadora.

Para entonces aquel líquido tenía un color poco atractivo y ya sobre el final le echó canela, y chontaduro, para el picante dijo ella.

Yo le dije, tenga su dinero pero le regalo el jugo. Le expliqué que prefería quedarme con el tutifruti tradicional que ensayar su famosa receta. Mi amigo en cambio, decidió probarla, y cómo no, al día siguiente me comentó que no le había ido muy bien con la digestión del espeso jugo.

Al recordar esta historia no puedo dejar de pensar en las propuestas de Gustavo Petro, enumeradas con su acostumbrada soberbia en recientes debates.

Así como la morena sonriente de las frutas intentó convencerme de su nueva fórmula para el jugo, mezclado magistralmente por su flamante licuadora, Petro se hace el experto en mezclar hechos con magia, tergiversar realidades con perfecta inventiva dialéctica, acomodar sus ideales con gran uso de teorías filosóficas, y tomar hechos pasados como si fueran todavía válidos.

Qué poco demuestra conocer de la libre empresa y del libre mercado, y qué gran desatino querer vendernos esa mezcla pesada de experimentos ya fracasados.

Su reinterpretación de términos como la democratización, nos recuerdan que Cuba se autodenomina el país más democrático de América.

Esto no quiere decir que en el empinado ascenso hacia el bienestar colectivo que debemos recorrer juntos como nación, no tengamos que mejorar con la debida responsabilidad muchos aspectos, y rápido, de aquellos que no pueden subir a nuestro ritmo. Volver al tutifruti limpio de impurezas hecho con las mejores frutas para que la tradición siga mejorando, sin quebrarla con la fuerza del mal uso que a veces le damos a la licuadora.

Ver más de




Más noticias