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La herencia africana

Asombrosos los resultados de mi prueba de ADN, cuyos datos comprueban que en absoluto todos venimos de África, hasta mi vecina de piel blanca, como un invierno en Massachusetts, de ojos deslumbrantes, azules, nacida en el Estado de Ohio, quien también se hizo la prueba y asumió con estoicismo su origen Afro.

Y que en mi caso pasmosamente coincide con el trasegar del hombre sobre la faz de la tierra, como lo describe el libro ‘Historia del Hombre’, de Cyril Aydon.

En mi sancocho genético tengo una estupenda dosis de 10,2% de sangre venida de Nigeria, la cual en su recorrido por el planeta Tierra va a Irak (antigua Mesopotamia), donde el hombre había recién inventado la agricultura, entre los ríos Tigris y Éufrates, y allí toma su magnífica cuota de iraquí, que luego va hacia Túnez, para adquirir una medida más de 3,5%.

Es decir, soy africano 13,8%.

Luego de allí cruza a España, donde adquiere su porción ibérica, para seguir obteniendo dosis de la genética de los pueblos del norte de Europa: Alemania, Inglaterra, Dinamarca, coincidiendo con el hombre de Neanderthal, de donde viene mi origen caucásico, que se denota mayormente en el síndrome de Dupuytren, una mal formación de los huesos de la mano, típica del hombre caucásico.

Todo esto para señalar que soy africano y nadie me lo va a quitar de la sangre.

He recibido entonces en el marco del mes de la africanidad, la grata visita de mis amigos neorleanos, para además consolidar nuestros proyectos Cartagena-New Orleans: el doctor Bill Bertrand, vicerrector de la Universidad de Tulane y científico adscrito a la Universidad de Harvard, epidemiólogo, quien ha vivido por más de 45 años entre África y Estados Unidos combatiendo toda clase de enfermedades.

Y Jeno Kalozdi, empresario muy importante en la industria de los empaques, quienes tenían más de 40 años sin venir a Cartagena, quedando asombrados de los adelantos en materia de infraestructura y turismo, y especialmente encantados con el Centro Histórico, pero a su vez impactados con los altos niveles de pobreza de un gran sector de la población.

Pobreza que aún subsiste y que es endémica, porque como lo señalaba el presidente Núñez hace 140 años, en su preocupación de que muchos cartageneros se acostaban sin comer comida alguna.

Luego, no necesariamente porque haya desarrollo económico habrá progreso social. Si esos avances no se traducen en bienestar para todos, nada estaremos haciendo bien.

Hay que revisar la política social, porque si ha pasado tanto tiempo desde Núñez a nosotros, por qué persiste la pobreza.

La pobreza y mucho menos la miseria no pueden seguir siendo un mal hereditario, tenemos que romper ese círculo vicioso, que solo se logrará haciendo una gran inversión social y económica en los estratos 0, 1, 2, porque si no estaremos por otros 140 años en la misma situación tétrica.

Arquitecto

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