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Isabel

Con la muerte de la Reina Isabel Segunda muere un ser humano irremplazable con una vida difícil en la que debió convertirse en Reina a los 25 años en plena Guerra Mundial. Gracias a la historia no era una millennial. Siempre mostró un nivel de compromiso y ética de la obligación que los jóvenes de hoy desconocen. No me imagino la pataleta que armaría un veinteañero de actualidad si le dicen que deberá abandonar la rumba, sus amigos y dedicar el resto de su vida al servicio del país. Seguro hablarían de sus derechos, los planes hechos y saldrían dando un portazo. Isabel supo rodearse de quien podía ayudarla a reinar y encontró en Churchill un gran aliado. Nuestro joven de hoy hubiera escrito en sus grupos de chats: “Se murió mi papá y ahora estos viejos quieren que yo sea el Rey”. Las respuestas no dejarían de llegar: “Maric... te vas a tirar la fiesta del sábado! ¡No vas a poder tomar en público! Qué jartera todos metiéndose en tu vida y diciéndote qué hacer... no te dejes”.

Y es que la vida de la pequeña Isabel cambió para siempre. Pero en sus 70 años de reinado jamás dio un escándalo, no la vimos dar ni un paso en falso y llevó la corona con una dignidad que todos conocen. A partir de ese momento solo hizo lo que era correcto para su país. Renunció a vacaciones exóticas con su familia o escapadas románticas con su marido. Y aunque se dice que alguien tiene vida de reina cuando tiene lujos, la verdad es que son muchas más las restricciones que llegaron a moldear la existencia de la monarca más longeva de la historia. Al morir su padre tuvo que formarse porque no tenía tablas de reina, tuvo que aprender, porque sus intereses estaban alejados de los despachos, y tuvo que renunciar a la vida que había pensado en darse; todo esto antes de lo previsto. Desde entonces, el mundo ha vivido una sucesión de décadas muy convulsas y cambiantes, y ella siempre ha estado ahí, como un referente de estabilidad. A las duras y a las maduras.

Gracias a Dios no fue una millennial con los vínculos sentimentales fugaces que los caracterizan. Felipe hubiera pasado a ser el ex rápidamente ya que no suelen creer en el amor para toda la vida. Tampoco respetan los líderes políticos ni en las autoridades religiosas que esta monarquía representa... Así que cero encuentros con los primeros ministros. No se callan nada, protocolo cero. Si Isabel hubiera sido millennial a lo mejor aún estaríamos en guerras mundiales. En cuanto a su estilo de educación hubiera buscado información online para ser la ‘madre perfecta’, no hubieran mandado a los príncipes a internados para pasar más tiempo con ellos y hubieran usado apps para buscarles parejas. Los jóvenes de hoy no creen en el “sentido común” que tanto ayudó a reinar a Isabel II.

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