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Instintos y demonios

La mayoría de los hogares caminan por el desierto de las dificultades con el familiar alcohólico, drogadicto, promiscuo, bulímico, anoréxico y neurótico, entre otros.

El sufrir del padeciente se trasmite al conviviente, quien bajo señalamientos de: inservible, oveja negra, vivaracho, fresco, eres lo peor, lárgate de aquí, agravan lo que para ellos no es una enfermedad, sino una viveza e incapacidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha podido demostrar que la adicción es una enfermedad y que para la década de la pandemia y el uso de redes se triplicaron los casos sin que el Estado haga efectiva una política pública para esos trastornos mentales.

En un corte que hiciera el Dadis, del 10 de agosto del 2021 a junio del 2022, 245 personas han intentado suicidarse y 18 han logrado su objetivo, sobrepasando en la anualidad esos valores en la anualidad presente. Además, “la violencia en las calles ha aumentado, incluso, de acuerdo con expertos las lesiones personales y los asesinatos han crecido de la mano del robo.

El Instituto Nacional de Medicina Legal muestra que en el primer trimestre del 2022 se registraron 6.336 muertes violentas, es decir, 848 más de las que se registraron en el 2021, donde fueron reportadas 5.488”. Vale anotar que al 1 de agosto del 2022 Cartagena lleva 200 homicidios y hoy no hemos tomado la decisión de fondo de hacer realidad los centros de rehabilitación para adictos en convenios con los privados, lo que rezan varios proyectos de acuerdo presentados por el Concejo Distrital, que han naufragado en la última década por la no importancia de los gobernantes y de las EPS.

Los instintos sociales, materiales y sexuales desviados por abusos, malos ejemplos o susceptibilidad en la etapa de la niñez y adolescencia nos han hecho crecer bajos de autoestima, inseguros, temerosos, ansiosos y para no volcarnos en la locura los neutralizamos con algunos de estos demonios de la adicción, enfermedad que se agrava por el desconocimiento de la familia, falta de trabajo del Estado para socializar y de una verdadera reactivación económica que permita unas condiciones favorables.

El Estado debe permitirles a alcohólicos, narcóticos, neuróticos anónimos, entre otros, socializar los padecimientos para salvar del sufrimiento y pueda que muchos se miren en ese espejo y sepan que tienen cosas en común que podrían aterrizar en la muerte, cementerio o el hospital. Como Estado, ¡estamos llamados a liderar la política pública!

*Concejal de Cartagena.

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