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Inseguridad: real o percepción

la percepción de inseguridad es una de las expresiones que ha venido tomando fuerza en los medios y en las redes sociales, y cada vez tiene más interpretaciones. Uno de ellos, que les interesa mucho a algunas autoridades administrativas, es que resulta ser un imaginario que individual y colectivamente se va construyendo a partir de información de terceros; como tal la percepción de inseguridad no corresponde con la realidad o con las cifras precisas de lo que ocurre, lo cual afirman, es mucho menor de lo que la gente dice.

Pero no puede ser una percepción irreal, cuando un alto porcentaje de personas tiene experiencias directas, casi siempre indeseables o amargas con la inseguridad, cuando empieza a convertirse la vida cotidiana en un factor de riesgo, cuando las personas se van autolimitando en sus actividades, que hasta hace poco eran sencillas y se realizaban sin ningún temor, como salir solos, llegar en la noche a la casa o simplemente sentarse en algún establecimiento público y a la vista.

Lo delicado de tratar la inseguridad como una percepción es que permite que, a partir de las experiencias directas de los ciudadanos, se empiecen a tomar decisiones como el autolimitarse en su barrio y en la ciudad, encerrarse en las casas y dejarles la calle y el espacio público a los delincuentes, el generar en todas las relaciones sociales el temor a los demás, incluso a los vecinos, hasta pensar en actuar por sí mismos para la defensa de la integridad.

Cuando esta última actitud, de tomar justicia por propia mano, se convierte en una decisión colectiva, estamos ante el riesgo real de experimentar en las ciudades, lo que en las últimas tres décadas ha ocurrido en los campos del país.

Esta parece ser la solución que los ciudadanos piensan con más viabilidad, ante las medidas propuestas desde la administración y la Policía, de acuerdo con las declaraciones de los últimos días, donde se observa que se responde a los efectos o consecuencias de la inseguridad, no a sus causas. Lo delicado es que no se ve un enfoque orientado a detener o atender una de las causas de la inseguridad, aquella relacionada con la intolerancia, con la vida cotidiana, con las relaciones entre los individuos, y esta se origina en el deterioro de las relaciones comunitarias, en el incremento de la desconfianza pública y privada, en la agudización de las polarizaciones tanto sociales como políticas, en el aumento de la confrontación con los demás.

La polarización que estamos observando a nivel nacional y en especial a nivel local, está propiciando mecanismos de exclusión, que ahondan los que ya tenemos, pues tiende a crear una nueva condición, como son los malandrines y los que no lo son, los que son honrados y los que no caben en esta categoría.

Los que están con la administración y los que siempre se han aprovechado de los recursos públicos. Este manejo puede tener efectos letales a corto y mediano plazo en la ciudad, que profundizan los que ya tenemos.

*Sociólogo.

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