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Horizonte difuso

Creo que nunca antes, por lo menos en los últimos 50 años, el horizonte a mediano y largo plazo de la ciudad se presenta tan difuso, tan preocupante o pesimista, si se consideran algunos factores determinantes del presente, pero con efectos en unos años más.

Los aspectos relacionados con la vivienda, el empleo, los ingresos y otros indicadores de la calidad de vida de la población tienen impactos y consecuencias de corto plazo, y muchas veces, atacando esos problemas o vacíos, se obtienen resultados en el corto y aún en el mediano plazo. Pero lo preocupante y que debería ser producto de una profunda reflexión a todos los niveles en universidades, sector público, privado, organizaciones sociales y de la sociedad civil, es sobre ese conjunto de indicadores que tienen efectos o impactos a largo plazo, condiciones que incidiendo efectivamente sobre ellas, sus resultados se verán solo en varios años.

A lo que quiero llamar la atención como sociedad es a un conjunto de factores presentados en el reciente informe de calidad de vida de Cartagena Cómo Vamos; pues allí encontramos unas cifras que nos señalan que al cabo de varios años las condiciones que tendrá la ciudad, serán peor que las que tenemos hoy, en aspectos claves o determinantes.

En otros términos, avanzamos hacia un horizonte más complejo, difuso o mejor, más problemático y perverso, desde el punto de vista de la calidad de vida y del bienestar de un elevado porcentaje de la población de la ciudad. Una simple conclusión es que vamos hacia una ciudad con brechas sociales y económicas más profundas, más complejas e insalvables. Por las condiciones de esta columna no puedo profundizar ni extenderme, pero menciono solo algunas que estimo graves o más delicadas.

Sin ningún orden de valoración creo que estos temas merecen una reflexión y actuación colectiva ya: el embarazo en adolescentes. Esto genera una cadena perversa de pobreza, desnutrición, maltrato, informalidad y violencias. El retroceso en la esperanza de vida al nacer, en 1998 llegamos a los 73 años, en dos mediciones de 2005 y 2018 estábamos en 75 años y en el 2021 regresamos a 72 años, esto es una involución casi incomprensible en sociedades modernas y no creo que responda solo al Covid-19.

En educación estamos ante una compleja maraña de problemas que nos atan al pasado, a la pobreza y miseria, y no nos dan confianza en que el futuro sea mejor y me refiero no solo a las pruebas Saber 11, a la calidad educativa, a la infraestructura educativa, a la cobertura, a la formación de los docentes, siendo más grave el panorama en todo el sector rural a insular. Para cerrar, por ahora el problema de la calidad y del déficit de viviendas es dramático, donde el 70% de las viviendas en la ciudad son de estratos 1 y 2, lo que ya nos puede indicar el volumen de las carencias que tenemos y para terminar, un dato no menos preocupante: en 2021 solo el 17% de las viviendas de la ciudad tenían acceso a internet.

*Sociólogo.

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