<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

¡Hagan algo!

La explotación sexual infantil nos tiene que doler como sociedad. Es, finalmente, una muestra de todo lo que adolecemos. Sí. Esto es el reflejo de todo lo que no hemos hecho. De las veces que hemos ignorado nuestros problemas colectivos solo porque no nos afectan directamente. De las veces que hemos ignorado los graves problemas de pobreza, educación y empleo que vive Cartagena. Aquí está el resultado. Uno que además se perpetua en el tiempo ante la misma mirada de “esto pasa también en otras partes, es común” que a veces nos incapacita para tomar acciones determinantes.

Una estrategia que suele funcionar con efectividad es ponernos en la carne del otro. Entonces pongamos a nuestros hijos en la carne de esos niños y niñas que hoy son ofrecidos como mercancía en nuestro espacio público más grande, la playa, y en algunas de las redes sociales con más usuarios a nivel mundial. Ahí están nuestros hijos, sobrinos, nietos, primos, ahijados, hermanos, nosotros mismos a esa edad, ahí estamos todos. Una carne por la que cobran por hora, por días, sometidos a sabrá Dios qué tipo de situaciones.

“Ay, no son tan niñitos, a esa edad uno ya sabe”. No. No. No. No sigamos haciéndolo mal, por favor. Un niño y una niña, siguen siendo exactamente eso hasta que cumplen la mayoría de edad. No hay razón para creer que esto es algo distinto a un abuso, a una violación de sus derechos fundamentales, y finalmente una violación también a lo que somos como sociedad. Esto es lo que somos. Entonces, ¿qué vamos a hacer al respecto?

Solo hay una cosa por hacer: actuar y exigir acciones de los otros. ¿Cómo actuamos? Denunciando, sí, pero también buscando formas de aportar a esta lucha ya sea desde la educación o la superación de la pobreza, poniendo lo que sabemos a disposición de otros y expandir este mensaje de protección a los niños como si fuéramos evangelizadores que viajan por el mundo llevando el gran mensaje. Este es igual de grande y urgente.

Y a las autoridades, ¡qué fuerte es escucharlos decir que “siguen trabajando en eso”! Como si se tratara de recoger limones o de terminar un crucigrama. ¡Queremos acciones ya! Sí, en atrapar a esos depredadores, tanto a quienes ofrecen como los que se atreven a escuchar el ofrecimiento sin pestañear, pero también necesitamos una política pública de educación que piense en nuestros niños desde la primera infancia con métodos claros y con recursos para garantizar la permanencia educativa, queremos escuelas de padres, formación, empleo, necesitamos una transformación profunda como sociedad, y esta es una gran alerta que espero que no sea una noticia fugaz sino una de esas que nos quedan dando vueltas en la mente, como la canción más burda, asquerosa, repudiable que hayamos escuchado.

¡Hagan algo! ¡Hagamos algo!

“Una sociedad que no protege a sus niños es una sociedad en crisis...”.

Ver más de




Más noticias