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Fracaso

“Lo que pasa es que los problemas fáciles se solucionan enseguida y solo quedan los difíciles. Por eso nunca, deberías creer a un político que ofrezca respuestas sencillas”. Ken Follet, Nunca.

Uno de los sentimientos más ruin y de mala fe que he conocido es apostarle al fracaso del otro. Eso es mezquino y miserable. Todos debemos apostarle al éxito.

En estos momentos, tengo una prudencia lógica de un hombre que toda su vida ha creído en postulados conservadores y a pesar de algunos errores históricos importantes de algunos gobiernos mal llamados de derecha, en el inventario político se ha podido construir un estado republicano con libertad y orden. ¿Serio? Así me podrían contestar muchos que se han ido de este mundo sin tener las oportunidades y otros que aún no las ven. Pero las cifras no engañan. Muchísimas personas nunca se hubieran ni imaginado haber terminado el bachillerato a finales de la década de los sesenta.

Oportunidades de emprendimientos, un techo y una ciudad con los mínimos se ha conseguido muy a pesar del desorden urbanístico en muchas de nuestras capitales y ciudades intermedias. Lastimosamente el campo ha sido desprotegido e inclusive por los mismos que lo abandonaron.

Y, todo esto, en medio de una guerra fratricida horrorosa que se fue desfigurando por el vil negocio del tráfico de drogas y lavados de activos. Hubo un tiempo que el Estado estuvo a punto de fracasar contra el gran poder de la mafia y de los violentos. Esperemos que estas bandas no sean hoy quienes se infiltren en el novel gobierno que se inicia este 7 de agosto de 2022.

Celebro la oportunidad que me da la vida, que un gobierno socialista de izquierda pueda plantar semillas para mejorar las condiciones a millones de desposeídos; Dios permita que a la nueva fórmula presidencial, respetándonos a quienes pensamos diferentes, genere un país nuevo, pero con estabilidad democrática. La república primero que los hombres. Ya Pepe Mujica lo demostró, ¿por qué no pensar en grande?

Y, si me preguntan: “¿Le estás apostando al éxito del presidente Gustavo Petro?”, mi respuesta es contundente: Sí. No sería ni cristiano ni humano apostarle a que fracase. Solo le pedimos que no destruya lo que funciona; que mejore o implemente lo que falta para ir como país creciendo para un futuro mejor para sus hijos y los nuestros. Ya el presidente y yo estamos por cuenta del árbitro (refrán popular). Pero hay un casi 85% de jóvenes que merecen una gran oportunidad de vivir un mundo mejor.

Persisten mis incertidumbres, por supuesto. Pero soy un optimista irremediable. Estas palabras las escribí una semana antes de la instalación del Congreso, el cual fue un espectáculo bochornoso. Ser y pensar diferente no significa perder los roles por el cual fueron elegidos. Ojalá el legislativo acompañe las propuestas del presidente en franca discusión y debates. Gustavo Petro fue, le guste o no a muchos, un senador que cumplió con su función. Ahora le toca al aceptar con gallardía, respeto y altura el control político. Dios permita que estemos alcanzando esa madurez. Tengo mis dudas de algunos congresistas. Estos, los congresistas, sin defender sus diferencias políticas (si es que las hay) hacen de sus ideales un espectáculo circense, con el perdón de los payasos. Dios salve la patria y los padres de la misma estén preparados para hacer de Colombia un mejor vividero para todos. ¡Sabroso!

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