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¡Feliz aniversario!

El Universal cumplió 74 años, y su celebración fue en femenino, ¡qué grato fue leer esa edición! Sobre todo porque en el caso de este medio cartagenero, no se trata de un ‘tema de agenda’ hablar del #8M, y ya que pega con el aniversario, pues unirlo. No. El Universal sin duda es un espacio en el que se vive ese ambiente de equidad que anhelamos las mujeres, con sus tropiezos particulares e individuales, pero siempre con aires de acompañamiento y apoyo humano que es difícil encontrar.

Llegué a El Universal para hacer mis prácticas académicas y solo dos meses después decidieron contratarme, la redacción fue desde entonces un espacio en el que mi voz tenía sentido no solo a través de mi trabajo sino de la percepción de mi entorno y mis ideas individuales, siempre me sentí con voz y voto. Tuve lo que tantas mujeres pelearon para que fuera mi realidad: una opinión en alto, respetada, valorada y muchas veces acogida.

Crecí en esa redacción, creyeron en mi liderazgo y yo creí en mí a partir de ese impulso. Gerardo, Javier, Pedro Luis, me acompañaron, me respetaron y creyeron en mí en cada instante, incluso cuando la sociedad se empeña en desconocer nuestra fuerza laboral: cuando me convertí en mamá. Mientras mis amigas en la maternidad me contaban lo enojados que estaban sus jefes el día que tuvieron que apagar la cámara porque el niño se cayó o porque se escuchaba al fondo su llanto, yo contaba con orgullo cómo Gerardo, sin pensarlo dos veces, con solo escuchar un sonido de mi hijo, me pedía con firmeza que atendiera lo más importante, y no, no era la reunión.

O cuando Nicolás, nuestro director, no dudó en cederme el mejor espacio de su oficina para que lo dispusiera durante mi hora de lactancia para extraerme leche materna y guardarla para mi hijo, él nunca entró a la redacción sin preguntar por mi hijo y a la vez pedirme mi opinión profesional sobre X o Y asunto.

Ver cómo tantos hombres estaban ahí para hacerme sentir segura del poder femenino en mí, me llevó a practicar eso que llaman sororidad, y a acompañar a cada mujer en la redacción en lo que pudiera. Hoy, o al menos como lo recuerdo, la redacción estaba compuesta por un montón de mujeres que se acompañaban y valoraban, estar ahí, era vivir en un constante impulso a nuestro liderazgo y poder.

Así que no me impactó la contraportada llena de ese montón de mujeres poderosas, es un reflejo de las acciones diarias de esos seres humanos maravilloso que hacen parte de esa gran redacción. Mujeres, no merecen menos que eso, ser respetadas, acompañadas, crean que eso es posible y que sea el mínimo de lo que estamos dispuesta a aceptar. No es aceptable nunca más que apaguen nuestra voz, que nos condenen por nuestra maternidad, que nos reduzcan por nuestras prioridades. Es tiempo de alzar nuestra voz para tener lo que por naturaleza nos corresponde: equidad, liderazgo, poder.

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