<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Eutanasia y otros demonios

Eutanasia: acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra.

El debate está abierto. El caso de Martha Sepúlveda, una paciente con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), a quien se le aprobó, se le negó, y se le volvió a conceder la posibilidad de acceder a lo que muchos llaman una “muerte digna”, ha puesto en el ojo público el polémico tema que se discute alrededor de lo médico pero también con la religión como lanza transversal, y ante un Estado que se demoró 18 años en promulgar la ley que regula el acceso a este servicio que fue despenalizado en 1997 pero que solo vio la luz en 2015.

Mi invitación hoy es a pensarlo despojados de juicios. Seamos honestos, todos esperamos que funcionen las investigaciones que esperan encontrar la fórmula para curar el cáncer y desaparecer tumores cerebrales; todos, creyentes y no creyentes, esperamos que una oración pueda sanarnos o sanar a quien amamos, pero y si no, ¿cuánto dolor estamos dispuestos a soportar?

Y ahí se asoma la eutanasia, no abriendo la puerta a que cualquiera diga “yo quiero”, sino para darle el poder a quien siente el dolor, de decidir cuánto puede y quiere soportar. Y cada quien decidirá.

Puedes ser Mayra Jiménez, una mujer barranquillera que por más de tres años luchó contra un tipo raro de cáncer que afecta los huesos, compartió su lucha en redes sociales, su sufrimiento, sintió mucho dolor, y a pesar de que los pronósticos médicos eran desgarradores, se aferró a un milagro hasta segundos antes de morir.

Puedes ser Martha, una mujer con entereza y carácter que cree que Dios la acompaña, que la ama y respeta su decisión, quiere morir antes de que su enfermedad la haga sentir más dolor, que sus músculos “mueran” por completo, antes de que pierda el habla, no tenga autocontrol, y un sinfín de síntomas crueles que se pueden encontrar con una búsqueda simple en Google, justo al lado de la realidad devastadora: no tiene cura.

La decisión, en ambos casos y con leyes para soportarlas, es, fue y será de quien sufre. No de nosotros como sociedad.

Ver a Martha me hizo pensar en mi mamá. Cáncer de seno muy avanzado para siquiera intentar un tratamiento que no fuera solo para quitarle algo de dolor. Ya nada funcionaba, un dolor tan intenso que la llevó a intentar suicidarse. Mis hermanas lo repitieron por separado y sin escucharse: era tanto el dolor que la oración fue para que “se fuera”.

Martha me hizo pensar en que quizá mi mamá pudo tener una muerte menos dolorosa, ya que era inevitable.

Martha, como se lo desearía a mi mamá: que tu miedo al dolor, tu dolor, encuentre un final, bien sea por la fe, por una cura médica o por la eutanasia. Es tu decisión.

Ver más de




Más noticias