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Entre gallinas y daños

En el oriente antioqueño, más exactamente en la vereda ‘Rancherías’ del municipio de Rionegro, una familia entró en colapso financiero porque su negocio, del cual deriva su sustento, sufrió una merma considerable. Se trata del deceso de 70 gallinas de un total de 108 que conformaban un galpón. La causa del suceso fue atribuida al estruendo que produjo el lanzamiento de un globo con pólvora desde una finca contigua, lo que generó el infarto fulminante de las ovíparas. La reclamante identificó a quien lanzó el artefacto, pero aquél se rehusó a conciliar y pagar la pérdida. Al parecer el debate sobre la responsabilidad va camino a los estrados judiciales.

Esto me hizo evocar una circunstancia similar que se dio en Cartagena hace muchos años, cuando una empresa dedicada a la cría y comercialización de aves demandó a otra dedicada a la generación y distribución de energía debido a que, por cuenta de un corte en el servicio, los ventiladores del gallinero dejaron de funcionar, lo que a la postre ocasionó la asfixia de algunos animales, específicamente, los que estaban en la última fase.

Esto fue debatido en los tribunales, las víctimas solicitaban el pago de una cuantiosa indemnización por los perjuicios que a bien tuvieron atribuirle a la empresa demandada, esta contrató los servicios de un jurista que imprimió esfuerzos para acreditar la verdad de los hechos y una correcta aplicación de justicia.

Para aquella época no se pensaba en los animales como sujetos de derecho, es más, no existía una legislación que los catalogara seres sintientes y su condición jurídica era de una cosa, como si de un mueble se tratara. La evolución del Derecho ha ampliado un espectro de protección a los animales, al punto que ha sido de interés para el derecho penal establecer como delito atentar contra la vida, la integridad física y emocional de estos. Sin embargo, todavía hay un rasero que no deja de ser arbitrario para clasificarlos según la cercanía que tengan con el hombre, y que sean o no vitales para alimentar a la sociedad. Por eso me pregunto, ¿por qué el perro o el caballo son más importantes que el pollo, los peces o el ganado? Pero bueno, eso es solo un tema para la reflexión.

Volviendo al debate jurídico entre las empresas, con mucha agudeza el abogado que representaba a los demandados logró extraer una confesión de los empleados de la compañía de pollos, pues admitieron, ante el acucioso interrogatorio, que las aves muertas, en su inmensa mayoría, fueron desplumadas, descuartizadas, procesadas y puestas en el mercado mientras que un bajo porcentaje fueron usadas para alimentar unas babillas.

El alegato del jurista no pudo ser más preciso cuando a manera de conclusión y ante la falta del accionante de acreditar la certeza y realidad del daño, expresó: “Palabras más, palabras menos, la empresa demandante está debiendo el sacrificio de los pollos”.

*Abogado.

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