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Enfermedad extraña

Juan (nombre ficticio) tiene 44 años, es un profesional, casado, deportista, sin hábitos de consumo de sustancias psicoactivas. Hace 6 meses viene consultando a varios especialistas por presentar síntomas extraños: somnolencia diurna, falta de motivación, como ‘pereza’, aumento del apetito, déficit para concentrase y memorizar, una experiencia de pérdida del sentido del tiempo, como si viviera en una dimensión diferente, contrasta con repentinos sentimientos de euforia, risas inmotivadas, sensación de haber descubierto otro Juan en su interior, mucho mejor persona que él, que pretendía hacer la paz con todos, pero paradójicamente terminaba envuelto en debates interminables, discusiones insulsas, irritabilidad y en una ocasión agredió físicamente a un vendedor en la playa.

Después de ser atendido por médicos internistas, neurólogos, endocrinólogos, y otros especialistas, quienes practicaron una batería de exámenes de laboratorio clínico, imágenes diagnósticas y otras completarías, concluyeron que el problema no debía ser físico, sino de salud mental. Recibió sesiones de psicoterapia por psicología, antidepresivos, estabilizadores del humor prescritos por psiquiatra, pero seguía con los síntomas descritos.

La familia, desesperada, acudió a mi consulta, después de un examen exhaustivo no hallé evidencias de una enfermedad mental concreta y decidí enviarlo con un toxicólogo, quien ordenó metales pesados en sangre y otros metabolitos tóxicos, que dieron negativos.

Hasta ese momento el caso parecía desalentador. Por la persistencia de los síntomas, decidí hacer una evaluación objetiva de su sistema familiar en el lugar de residencia. El personaje residía en el Edificio Ganem en la calle del Sargento Mayor, su apartamento colinda con el lado izquierdo del Claustro de San Agustín y desde la ventana de su apartamento se divisa el tercer piso de la Universidad de Cartagena, una extraña columna de humo se eleva desde ese lugar y un penetrante olor a yerba quemada invadió mis fosas nasales, abajo se escuchaban voces, en ese lugar se celebran los debates filosóficos más productivos que echarán a andar a este país, allí se incuban los próximos ministros de Minas y Energías, los de Justicia, y sus auxiliares. A lo lejos alcancé a escuchar un debate anti extractivista, de exigencia de no crecimiento económico de los países vecinos para estabilizar nuestra economía, imprecisiones sobre la extensión de nuestros límites con Venezuela, etc.

Por un momento experimenté una extraña sensación de retroceso en el tiempo, parecida a las que manifestaba mi paciente, me sentí ascendiente de la dinastía caldea, estaba en el siglo VI a. C. en el templo piramidal de Marduk, en la ciudad de Babilonia, tuve conciencia fugaz de estar en la Torre de Babel.

Le ordené prueba de cannabis en orina a mi paciente que dio positiva, le retiré todos los medicamentos y le indiqué que no abriera más la ventana de ese lado.

*Psiquiatra.

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