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El voto silencioso

La presente semana será crucial para que las fuerzas electorales definan quién será el nuevo presidente de los colombianos, o cuáles serán los dos candidatos que continuarán en contienda hasta el 19 de junio. A diferencia de otras elecciones en las que tales fuerzas estaban representadas en las llamadas maquinarias políticas, en esta oportunidad el mayor peso de la decisión estará en el voto de opinión.

Es precisamente esa franja de colombianos indecisos o abstencionistas, cuya presencia en las encuestas se marca con un “no sabe, no responde” (N/R), quienes finalmente inclinarán la balanza en una de las más polarizadas y enrarecidas campañas de la historia reciente del país. Son tal vez esos ciudadanos que no asistieron a las multitudinarias concentraciones públicas, o los que fueron luciendo camisetas y gorras de un candidato para ganar unos cuantos pesos por “hacer bulto”, pero pensando en votar por otro, quienes incidirán de manera determinante en los resultados de las urnas.

Esos ciudadanos, ignorados, subestimados e inclusive despreciados por el poder político, son los protagonistas de un fenómeno de reacción social, que desde algunas vertientes se intenta sofocar de diferentes maneras, y que tienen como punto coincidente el desconocimiento premeditado de las causas que los motivan a reaccionar.

Como resultado de una campaña en la que el común denominador ha sido la intolerancia, la beligerancia desmedida en los discursos, la fabricación de mentiras, la subrepticia planeación de “jugaditas”, las multidireccionales acusaciones de fraude, y hasta amenazas de muerte matizadas con luces de colores, un sector importante de votantes se comienza a hacer sentir desde su aparente silencio.

Posibles señales de ese fenómeno estarían reflejadas en las más recientes encuestas que proyectan el crecimiento de Rodolfo Hernández, que algunos consideran como la intención de inflarlo para diezmar al candidato del establecimiento, Federico Gutiérrez, y otros como una estrategia del partido de gobierno y de la maquinaria electoral para tener un plan B que pudiera detener a Gustavo Petro en la segunda vuelta.

Cualquier cosa podría pasar este domingo, pero me arriesgo con estas cábalas, que no comprometen mi intención de voto: de no ganar Petro en primera vuelta, pasará con Fico a la segunda con amplia ventaja, y el “perdedor-ganador” será Rodolfo, quien recibirá toda suerte de ofrecimientos para que con su “nadadito de perro” se convierta en el comodín con el que finalmente la derecha o la izquierda gane finalmente la partida. No es predecible.

Ojalá que cualquiera que sea el resultado de las elecciones, el país entero cierre la campaña, suspenda las prevenciones y paranoias, acepte la decisión de las mayorías y se enfoque en seguir construyendo un futuro en paz y en democracia. Amigo lector: vote por quien quiera, si lo prefiere en silencio, pero vote libre.

*Asesor en comunicaciones.

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