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El maíz

Es mirado por encima del hombro por sus primos el arroz y el trigo, que se creen de mayor alcurnia. No hay tal, el uno chino y el otro mesopotámico y egipcio, los tres pertenecen a la misma familia de las gramíneas. Su origen se pierde, como el de algunos políticos de dudosa reputación y volátil ideología, entre los valles y montañas de México hace miles de años.

Hay más de 60 variedades de maíz, todas parecen iguales. Los críticos de siempre dirán que, como pasa hoy con la larga lista de partidos y movimientos politiqueros en Colombia, esos sí indistinguibles unos de otros.

En defensa del maíz los biólogos afirman que pueden distinguirse por el color, tamaño, textura, sabor o calidad de sus granos. De México hacia el sur, somos los pueblos del maíz: asado, en sancocho, trasformado en arepas, empanadas, aceites, purés, chichas etc.

De la mazorca dice el diccionario que es el “fruto en espiga densa, con granos muy juntos, de ciertas plantas gramíneas, como el maíz”. El mismo diccionario acepta, como símil al grano y la tusa, que mazorca también se refiere a un “grupo de personas íntimamente relacionadas”. Algunos incrédulos dirían que en ello ven la cohesión de los mercachifles oportunistas que se unen a la tusa, perdón, carro de la victoria del más reciente ganador en las elecciones y que han vuelto la política tan voluble, dinámica dicen ellos, como falta de ideas, coherencia y respeto por sus electores. El mismo cínico diccionario menciona la cuestionable frase “desgranarse la mazorca” para referirse a “un grupo de personas unidas” que comienzan a dispersarse. Cualquier mal pensante diría que hace referencia a los mismos politiqueros que, habiéndose nutrido de la mazorca estatal, toman distancia de ella, cual parásito, para asumir una oportunista oposición dejando una escuálida tusa.

Ustedes han visto en los campos el verdor de la planta y de la hoja en hermoso contraste con el amarillo intenso del grano. Amarillo y verde, dos colores de nuestra cuadrilonga bandera. La más antigua y primigenia bandera de Colombia. En ella, el rojo simboliza la sangre de esos mártires cartageneros que la ofrendaron gustosos por el amarillo de la libertad y el verde de la esperanza.

Hoy parece que la sangre rueda en nuestras calles solo a expensas de sicariato y violencia alejando la libertad y la esperanza. El optimista de siempre quisiera ver una dirigencia comprometida con nuestro futuro amarillo y verde, como el maíz. Pero, ya lo decía Neruda: “¿Han contado el oro que tiene el territorio del maíz? ¿Sabes que es verde la neblina a mediodía, en Patagonia? ¿Quién canta en el fondo del agua en la laguna abandonada?, ¿de qué ríe la sandía cuando la están asesinando?

*Profesor Universidad de Cartagena.

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