<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

El dilema de la mascarilla

Nuestra influencia occidental es innegable, replicar en América Latina las soluciones que por allá aplican a sus problemas, nunca nos ha representado un serio inconveniente. Es cierto que muchas veces las alternativas que se implementan en Europa o Estados Unidos son adecuadas, pero eso no quiere decir que sean válidas globalmente. Es fundamental tener en cuenta las particularidades de cada país y adaptar las políticas a las necesidades reales.

España, por ejemplo, eliminó el uso obligatorio de mascarillas en espacios abiertos, Noruega y Dinamarca anunciaron el levantamiento de las medidas desde febrero. Suecia informó que ya no se requerirán certificados de vacunación para asistir a eventos públicos. Y, en Colombia se anunció el pasado 23 de febrero que no será obligatorio el uso de mascarilla en exteriores, en aquellos territorios donde el porcentaje de la población vacunada sea de, al menos, el 70%.

Es verdad que expertos de la OMS afirman que ya se debería comenzar la flexibilización de las medidas. Pero, no se puede desconocer que el virus circula de diversas formas en cada país y es imperativo contar con estas diferencias a la hora de tomar decisiones ponderadas sobre las políticas a adoptar. Así se podrán evitar errores y lograr que las soluciones sean efectivas y pertinentes.

Son indudables las molestias que supone el uso de máscaras en actividades cotidianas, como la docencia en presencialidad, al hacer ejercicio, sin mencionar a largo plazo las consecuencias de respirar con un limitado flujo de aire mientras se diserta por horas en diversos contextos. Sin embargo, estas restricciones son irrelevantes cuando está en juego la salud o la vida, pues lo único irrefutable es que esta protección sí es necesaria para prevenir los contagios de coronavirus y algunas enfermedades de transmisión directa.

En Colombia hasta hace menos de un mes se exigía el tapaboca en lugares públicos aun cuando no había evidencia de los beneficios de esto, ni mucho menos existía control frente a su correcto uso, sin embargo, ya hoy no se exige. Bajo esa premisa lo que realmente preocupa es si el Estado está decidiendo por la influencia occidental o si de verdad se han hecho los estudios de impacto para una sociedad como la nuestra en la que el sistema de salud nunca dio abasto frente a la crisis y donde actualmente se desconoce con exactitud el número de contagios ya que son mínimas las pruebas que a diario se practican, justamente por el viacrucis que representa conseguir una gratuita, bajo la premisa de que ya no se consideran necesarias.

Esto contrasta con la situación actual de China donde varias ciudades han reportado récords históricos de contagios en un día desde que inició la pandemia y por eso desde el pasado viernes están generando órdenes de confinamiento. Lastimosamente esta pesadilla no ha terminado y las autoridades deben actuar de conformidad con esa realidad.

Ver más de




Más noticias