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El día más largo

Recorrió el mundo y así adsorbió el conocimiento existente. Por ello no fue raro que lo nombraran responsable de la más grande biblioteca de la época, lo que, de contera, lo convirtió en ratón de miles de documentos. Así Eratóstenes encontró un papiro que describía en detalle que, durante el solsticio de verano en Siena, a mediodía, los edificios no daban sombra y la luz solar se reflejaba sobre el agua de un pozo; dedujo entonces que los rayos del sol incidían perpendicularmente sobre esa ciudad, al sur de Egipto. De ser la tierra plana, y él tenía serias dudas, en todas partes debía ser igual. Por ello, el siguiente solsticio de verano, en Alejandría, colocó varas para comprobarlo. A medio día las varas proyectaron sombra. Con este sencillo experimento demostró que la tierra no era plana. Ergo, ¡la tierra es redonda!, concluyó y se dedicó a medirla. Dicen que habría dicho “denme una vara y mediré el mundo”. Dudo que su modestia le haya permitido semejante exabrupto. Al siguiente solsticio de verano salió de la biblioteca, midió la altura de una vara que colocó perpendicular a la tierra y después midió la longitud de su sombra y así determinó el ángulo de incidencia de los rayos solares (poco más de 7 grados) sobre Alejandría. Sabía la distancia que había entre Siena y Alejandría; caravanas que recorrían ese largo camino la habían reportado con exactitud, 5.000 estadios. Dado que los rayos caían perpendiculares en Siena y lo hacían con un ángulo específico en Alejandría y conociendo la distancia entre las dos, solo tuvo que extrapolar el resultado a la circunferencia de la tierra (360 grados). Luego del día más largo, y la noche más corta, y largas horas de meditación, un día como hoy hace más de 2.200 años, calculó, con un error menor al 1%, la circunferencia de la tierra que siglos después la ciencia confirmó con elaborados instrumentos. Una larga y oscura noche llevó a muchos en occidente a pensar, por siglos, que la tierra era plana.

Tras una larga campaña electoral, deslucida y plagada de bajezas, en que las diferencias entre las dos opciones fueron casi imperceptibles, la democracia habló. El domingo se votó en paz y confiamos que, a la larga noche de injusticia social, corrupción y violencia siga un productivo y largo día en el que cada uno aporte lo suyo para lograr un mejor país para todos. Por primera vez la izquierda está en el poder y es de esperar que, al final del día, el presidente electo, opositor por décadas, genere los cambios para bien de todos, con respeto a la institucionalidad y a la oposición, permitiendo que la historia mida sus resultados al final de la noche. Ya lo decía el bíblico refrán: ‘Con la vara que midas, serás medido’.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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