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El miedo es el catalizador del sentido común

La historia ucraniana hay que recorrerla someramente para comprender la sinrazón de la invasión.

Con la anexión de Crimea a Rusia, en el 2014, declararon de facto su independencia las repúblicas de Donetsk y Lugansk en la región del Donbas. Ante el escenario presentado, nacieron para combatir la rebelión, los grupos paramilitares ultranacionalistas Právy Sektor y Batallón Azov, de ideologías fascistas, nazista, rusofóbica y supremacista blanca. Son estos ejércitos, unos hooligans con armas, los que a la par con los de Kiev, han luchado contra los separatistas ucranianos sostenidos por las milicias rusas, causando entre ambos bandos, más de 14 mil muertos, tanto civiles como combatientes, cifras aproximadas hasta el 24 de febrero, día del inicio de la “operación especial”.

Una de los planteamientos que adujo Putin para invadir, era desnazificar y desmilitalizar a Ucrania, para así proteger a la población prorrusa del Donbas, que durante ocho años, han sido objeto de abusos, desmanes, vejaciones y muerte, por parte de estos paramilitares.

Otra de los argumentos que esgrimió, son razones históricas, que se remontan a la edad media y al estado eslavo la Rus de Kiev, origen fundacional de Ucrania y Rusia, que al quedar desintegrado por el imperio mongol, se transformó en lo que hoy son, más o menos, las repúblicas de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Kiev, llamada la madre de las ciudades rusas, y desde luego Ucrania, tienen una carga de nacimiento simbiótico con Rusia.

Odios atávicos son los que tienen, ucranianos contra rusos. No olvidan el Holodomor, la hambruna que pasaron a principios del siglo XX, provocada por Stalin, la que produjo más de 4 millones de muertos. Y si nos adentramos más en la historia, encontraremos la “rusificación” promulgada por los zares y continuada por la URSS. Y para hablar de hechos recientes, está el Euromaidan, revolución proeuropeista, que tumbó al presidente prorruso Yanukóvich al no firmar la asociación de Ucrania con la UE, pero que creó la contrarrevolución del Donbas, situación aprovechada por Putin para anexar Crimea.

Ucrania ha sido un pueblo que ha sufrido los embates de Rusia, por lo que guardan rencores ancestrales contra ella. Hay un museo en Kiev, donde se exhiben toda una clase de armas rusas, que demuestran sus intervenciones en el Donbas. Cómo será el rencor, que uno de los suvenires más vendidos en Kiev, hace unos 5 años, era papel higiénico con la cara de Putin.

¿Pero, hasta dónde llegará Putin? La frase repetida en varias oportunidades por el genocida, “el miedo es el catalizador del sentido común”, nos puede dar la medida de lo que podrá hacer para que se produzca, y en esa percepción del peligro que supuestamente puede ocurrir, llevar a cabo sus metas y objetivos.

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