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El burro le dijo al puerco orejón

La sabiduría ancestral en sus refranes no ha dejado de tener vigencia, sobre todo, en la vida política, en donde los elegidos penetran en lo más profundo de los gobiernos anteriores para culparlos de una realidad social de la cual somos responsables desde el más encopetado inversionista hasta el más excluido ciudadano sin oportunidades sociales.

En la historia contemporánea cartagenera emergió un libro blanco compilante de supuestos hechos que no dejaron de ser emocionalmente una sensación para el cambio para sus creadores, la representación de un reino en donde a Blancanieves se le condena al destierro y posterior a la muerte, situación actual que se va desgranando por imprecisiones, omisiones de control y falsedades populistas de algunos profesionales que redactaron al frente de sus carteras posibles malos hallazgos y que al no estudiar la historia, volvieron en algunos casos, supuestamente, a repetirla y en peores circunstancias.

A otros, se les olvidó que se alimentaron de porquerizas creadas con el síndrome del espejito, espejito cuál es la más bella, a lo que contestaba el espejo: Blancanieves, mi ama, situación que indujo al envenenamiento de la señalada para poder ser reconocida e identificada como única y la más bella del reino.

Pregunto: ¿Quién de la pasada generación no se leyó este cuento del libro de los hermanos Green y que gracias a la investigación de los historiadores alemanes Karlheinz Bartels y Eckhard Sander pudimos entender la inspiración y fantasía de una realidad que se asemeja a nuestros días, en donde aspirantes no solo en la política envenenan a sus competidores para dejar el camino a sus anchas, coincidiendo con el personaje perseguidor que toma la forma de vendedora para que nuevamente jugara la manzana?, en donde los “niños son desnutridos y envejecidos prematuramente por el trabajo en las minas de hierro, y que debido a su pobreza, estos niños vestían largos abrigos y gorros muy parecidos a aquellos con los que se suele representar a los siete enanitos. Sander, además asegura que a la condesa le gustaba jugar con estos niños”.

Sin embargo, Cartagena, la bella Blancanieves, dormía su maleficio atragantada por la manzana envenenada bajo el llanto de sus enanitos que sentían la pérdida irreparable, mientras la malvada bruja sonriente y gozante no se había dado cuenta de que toda historia de princesas tiene su final feliz, y fue así como un caballero del trasegar y batallas políticas en cruzadas barriales depositó su abrazo, volviendo a despertar la esperanza y la alegría de sus enanitos. Preparan la boda bajo la experiencia del guerrero que hoy esgrime su espada en la ciudad de las ideas.

*Concejal de Cartagena.

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