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El anti-perfil

Se le fueron los 4 años al alcalde Dau y sus ejecuciones son más bien pobres y desnutridas. Puras reparaciones, algunas reconstrucciones, la ciudad abandonada y ningún macroproyecto o ejecución memorable contra la pobreza. Claro que le tocó el COVID, pero ello no es excusa para no haber avanzado. Cartagena deberá aplazar nuevamente la ejecutoria de su larga lista de macroproyectos engavetados.

¿Y por qué estos resultados? Bueno... viendo su hoja de vida, incluyendo sus conocidas fortalezas y debilidades, se sabía de antemano que Dau sirve para auditar y controlar, pero de ahí a ejecutar, liderar y trabajar en equipo, poco o nada. Más congrega una lechuza trasnochada en las mañanas frías de Alaska, que él. En realidad, su alcaldía ha terminado siendo distante y aislada, resultado típico de su personalidad desconfiada y complicada. Según los empleados del despacho, al alcalde solo lo visitan los fantasmas juguetones de Juancho Arango y Vicentico Martínez, quienes, de pura maldad, se fuman sus cigarrillos y le desordenan sus documentos.

Además, recordemos, el alcalde llega al gobierno sin conocimiento sobre lo público, lo que resultó traumático. No está bien postularse a un cargo cuando no se tiene la menor idea de cómo funciona. Por eso digo, si la Alcaldía se desempeñase como una empresa privada, no habría la menor posibilidad que alguna junta directiva lo hubiese seleccionado con su perfil. Eso demuestra el carácter emotivo de nuestros electores.

Obviamente, y eso lo sabemos todos, que la ciudad lo eligió por su valerosa lucha contra la corrupción. Sin embargo, repito, el señor fue elegido en el ejecutivo y los ejecutivos, ejecutan. Y si tenía dicha debilidad, pues entonces debió rodearse de los mejores en el arte de la ejecución, con conocimiento de lo público. Yo esperaba que él hubiese tenido la grandeza de buscar un verdadero “gerente de ciudad”, pero el hombre no quería sombras, y las mieles del poder, así como la atención del auditorio, son en exclusiva para él. Eso sí me sorprendió, Dau resultó más político que muchos políticos de la ciudad y por ahí lo vemos más preocupado en el cálculo electoral de su movimiento, que en ejecutar algo trascendental en los meses que le quedan. No hay duda, el alcalde es un ciudadano valiente y la mayoría le reconocemos su esfuerzo contra las prácticas corruptas, incluido su “Libro Blanco”. Pero, repito, le faltó grandeza en entender sus limitaciones y de no haberlas subsanado. Irónicamente, hasta le hubiese servido en sus cálculos políticos del mañana.

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