<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

¿Discriminación positiva?

Hace unas horas escuché este concepto: discriminación positiva. Me sentí contrariada. Discriminación es dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, edad, de condición física o mental, entre otras. Entonces no cabe en mi mente ese apellido positivo, ni siquiera para validar alguna actitud en favor de estas mismas personas o colectividades, etimológicamente no tendría sentido, al menos no se lo encuentro.

Para algunos hay discriminación positiva cuando, por ejemplo, una empresa decide dar prioridad a la contratación de mujeres, pero ¿discriminando a los demás participantes? ¿En serio? No lo creo. En todo caso esa empresa estaría apuntándole a generar una dinámica de equidad en la contratación, al seguramente darse cuenta en su análisis, que había una contratación sobresaliente de X o Y población, por ejemplo, en este caso de hombres, cuando la de mujeres está firmemente rezagada. Se llama equidad, que en todo caso no es darle a todo el mundo lo mismo, sino llevar a todos al mismo nivel, aunque se deba dar más a alguno.

Para muchos, esto de las “minorías” o grupos de “especial interés” son una fachada para resentidos o gente aprovechada. “A mí, por ejemplo, no me molesta que me digan negra, eso me enorgullece”, y bueno sí, no me malentiendan, está bien sentirse orgullo, es ideal, pero la carga real no está en la palabra, que es bella, está en la intención del otro y no es nuestro derecho meternos como “pacifistas” para desconocer el agravio o la sensación de otros.

“¿Por qué resaltar a una modelo autista cuando como ella hay otras que no tienen eso, pero también lucharon por ganarse un lugar? Eso es discriminación positiva”. No. Muchos de nosotros hemos tenido la suerte de no tener mayores dificultades. Sí, todos vivimos tragedias personales, pero otros viven tragedias asociadas a quienes son por naturaleza, por eso que aunque quisieran, no pueden cambiar, como su color de piel, sus condiciones de salud física y mental. Puedo ganarme un puesto luchando muchísimo, sin padres, en la quiebra, pero, ¿se equipara mi lucha a la de una persona, por ejemplo, con síndrome de Down, que logró una posición similar a la mía? La respuesta es “no”. No es lo mismo ser mujer negra y llegar a ser vicepresidenta de Estados Unidos, a ser hombre y llegar al mismo cargo. Sí hay situaciones marcadas por la historia que nos han condenado a ciertos espacios, y que vale la pena resaltar, como un ejercicio de “sí se puede” general. Las limitaciones por el color, la religión, la apariencia física o la condición, sí existen.

Que los extremos son malos. Lo son. Tampoco se trata de darle un puesto a alguien porque está sentado en una esquina cruzado de brazos quejándose por ser mujer o por ser negro, pero por qué no premiar el esfuerzo en medio de la adversidad, del triunfo en las condiciones más insospechadas.

No hay discriminación positiva, hay discriminación, el resto es otra historia.

Ver más de




Más noticias