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Día del maestro

El 15 de mayo se celebró el día del maestro. El papa Pio XII en 1950 proclamó a San Juan Bautista de La Salle como patrono de los educadores. Ser maestro es tener vocación de servicio, es ser ejemplo de vida en todos los contextos y juegan un papel muy importante ante la sociedad. Es un riesgo que un maestro carezca de motivación, de vocación y del sentido de la responsabilidad y que no sea consciente del papel fundamental que desempeña y de no comprender la necesidad y relevancia de su actitud hacia ser un verdadero formador, porque pondría en riesgo el origen y devenir de nuestra sociedad, que es la educación.

Un maestro debe ser íntegro, es alguien que inspira para la vida, es el que deja una huella para la eternidad; nunca puede decir cuándo se detiene su influencia. “El ejemplo del maestro no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”, Albert Einstein.

Tal vez un maestro no pueda cambiar el mundo, pero sí puede hacerlo con el mundo de sí mismo, el mundo personal y a partir de ello puede generar muchos cambios en la vida de sus estudiantes, como un referente de madurez no solo intelectual sino afectivo y espiritual, como mejores seres humanos, con competencias ciudadanas, con pensamiento y con lectura crítica. El papel del maestro va más allá de ser solo un transmisor de conocimientos.

La vocación docente facilita la tarea, pero esa ventaja no obsta para que esta se realice con profesionalidad, con rigor, seriedad y responsabilidad. El maestro auténtico debe poseer unas características esenciales que lo distinga como líder y forjador de personas, potenciador de saberes y valores que coadyuven al desarrollo humano.

Si tu corazón late más aprisa viendo a tus alumnos, si cada persona es para ti un ser que se debe cultivar, si sabes volver a estudiar lo que creías saber, si tu vida es lección y tu palabra silencio, entonces... tú eres un maestro. Un profesor sustenta su saber sobre un título académico; un maestro lo hace sobre toda una vida de experiencias y aprendizaje. Un profesor enseña el contenido de una materia; un maestro enseña todo lo que sabe. Un profesor fue antes un alumno; un maestro fue un discípulo. Un profesor enseña conocimientos, necesarios o no, para vivir; un maestro enseña a vivir.

Es importante y necesaria la enseñanza de la historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos curriculares como una disciplina integrada a las ciencias sociales y que los estudiantes tengan como referencia el contexto cultural, geográfico, y político para formarse como ciudadanos que transformen el presente y el futuro, a partir de la comprensión crítica del pasado para no repetirlo. Los alumnos tienen derecho a saber qué es lo que ha pasado y está pasando en el país y el mundo, pero con neutralidad del docente, adaptando la información, a su etapa evolutiva, no inculcándoles ni adoctrinándolos con determinadas ideas o creencias, relacionadas con la política, la religión o las clases sociales, todo siempre desde el respeto, todo que contribuya a la formación de una identidad nacional que reconozca la diversidad étnica, cultural, que desarrolle el pensamiento crítico a través de la comprensión de los procesos históricos y sociales, y promover la formación de una memoria histórica que contribuya a la reconciliación y la paz.

Es imprescindible mejorar la educación en nuestro país, contribuyendo a valorar el trabajo de los docentes, reforzar su prestigio, implementar procesos de evaluación del desempeño y potencializar su desarrollo profesional.

Hoy quiero agradecer y felicitar a los maestros que forman y hacen que el aprendizaje no sea una tarea tediosa, sino una actividad llena de alegría, que hagan sentir al estudiante como personas de valor, con un futuro por delante.

*Rector de Unicolombo.

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